I
De amarillo y cobre todo
lucía el cielo en Granada,
cuando en el azul gitano
la muerte abría sus alas.
El juez del odio vestía
de traje negro y corbata,
por calles iba el silencio
y el viento por la montaña.
Sobre el rostro del palomo,
el miedo se dibujaba,
oculto en la habitación
soñaba con voz amarga.
Llevaban mensaje en sangre
verdes buitres, verdes capas,
en coche negro cerrado
al palomo se llevaban.
Se le vio con traje blanco
en aquella madrugada,
blanco blanco, blanco nieve
bajo el cielo de la Alhambra.
La incertidumbre y su manto
llegaron con voz callada,
una vela de agonía
titilaba en las ventanas.
La noche apestaba a pólvora
en aquella madrugada,
yugos y flechas fascistas
se adentraban en su alma.
Muerto cayó Federico
cuando el alba se asomaba,
su sangre regó la tierra,
la tierra de su Granada.
Él, la columna más firme
de alegrías y esperanzas,
él, la garganta más grande
tristemente arrebatada.
II
La penuria con su llanto,
vino y me besó la cara,
de entre todas las palomas
elegí a la más blanca.
Su sangre sigue versando
en la Vega de Granada
y un cantar de ruiseñores
le ponen voz a su estampa.
III
No podrán apagar los
verdes buitres, verdes capas
el bullicio de tu tierra
como acallaron tu alma,
ni el olor de los olivos,
ni el llanto de las guitarras,
ni aquel espíritu en flor
lleno de color y savia.
Luis