DIEGO
Poeta adicto al portal
Hoy lloro por la ausencia pequeña de un amigo.
¿Nada más?, poca cosa en el ir y venir de este cansado tiempo.
Sólo un hocico húmedo oliendo las palabras que rodaban por él, alisándole el pelo;
unas patas veloces que se hacían de seda cuando llegaban de improviso adentro,
y se echaba despacio, agradeciendo aquel compartir de alfombra, charla y sueño.
Sólo unas manchas negras sobre los ojos tiernos, y las orejas altas y vibrantes que entendieron mi voz y mi silencio.
He perdido un amigo, y quisiera correr tras de su nombre por todos los caminos, irme en paloma por el viento amargo que cobijó su cuerpo, para buscar después entre los yuyos, el hueco de su peso.
Quién sabe dónde estás y en qué momento entraste quedamente en mis recuerdos.
Estos versos te miran y te callan, porque no eras nada más que un perro.
Ahora sé donde estás y en qué momento se plegó tu inquietud, en qué momento...
Clara mañana oscura que te miró llegar a las orillas secas de la nada y reflejó tu angustia sin testigos, en una estrella demorada y alta.
Clara mañana oscura de primavera prieta junto al alba, que como siempre despertó sus pájaros y se durmió después en tu mirada.
Clara mañana oscura que guardaba un pedazo de tierra anochecida, una ausencia pequeña y la luna callada.
Amo este dolor de niño que te canta, amo este llanto mudo que se anuda al silencio y te rescata.
Como antes sobre mí, sobre el olvido, salta tu devoción y tu cariño, y como entonces me parece verte, tras un gemido porque no me alcanzas, y lamiéndole fiel, las manos a la muerte...
¿Nada más?, poca cosa en el ir y venir de este cansado tiempo.
Sólo un hocico húmedo oliendo las palabras que rodaban por él, alisándole el pelo;
unas patas veloces que se hacían de seda cuando llegaban de improviso adentro,
y se echaba despacio, agradeciendo aquel compartir de alfombra, charla y sueño.
Sólo unas manchas negras sobre los ojos tiernos, y las orejas altas y vibrantes que entendieron mi voz y mi silencio.
He perdido un amigo, y quisiera correr tras de su nombre por todos los caminos, irme en paloma por el viento amargo que cobijó su cuerpo, para buscar después entre los yuyos, el hueco de su peso.
Quién sabe dónde estás y en qué momento entraste quedamente en mis recuerdos.
Estos versos te miran y te callan, porque no eras nada más que un perro.
Ahora sé donde estás y en qué momento se plegó tu inquietud, en qué momento...
Clara mañana oscura que te miró llegar a las orillas secas de la nada y reflejó tu angustia sin testigos, en una estrella demorada y alta.
Clara mañana oscura de primavera prieta junto al alba, que como siempre despertó sus pájaros y se durmió después en tu mirada.
Clara mañana oscura que guardaba un pedazo de tierra anochecida, una ausencia pequeña y la luna callada.
Amo este dolor de niño que te canta, amo este llanto mudo que se anuda al silencio y te rescata.
Como antes sobre mí, sobre el olvido, salta tu devoción y tu cariño, y como entonces me parece verte, tras un gemido porque no me alcanzas, y lamiéndole fiel, las manos a la muerte...
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