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Si quisieras coger la mano de la música
y andar por mi sangre envenenada
como los ciegos que sujetan a la cuerda que siempre
termina por rodear un cuello.
Si te atrevieras a cruzar ese pantano de lágrimas
y tirar a los cocodrilos que ya no devoran mi carne de sabor amargo
el pan recién horneado de tu sonrisa.
Si quedaras, como se queda el viento
en el rostro sereno del agua
difuminando soles de sombras
y piedras que resucitan al fondo
de un te quiero.
Y no comprendo
como es que todavía estoy lleno de pájaros
picoteando los restos
de la placenta de mi canto extirpado.
Si quisieras coger la mano de la música
y andar por mi sangre envenenada
como los ciegos que sujetan a la cuerda que siempre
termina por rodear un cuello.
Si te atrevieras a cruzar ese pantano de lágrimas
y tirar a los cocodrilos que ya no devoran mi carne de sabor amargo
el pan recién horneado de tu sonrisa.
Si quedaras, como se queda el viento
en el rostro sereno del agua
difuminando soles de sombras
y piedras que resucitan al fondo
de un te quiero.
Y no comprendo
como es que todavía estoy lleno de pájaros
picoteando los restos
de la placenta de mi canto extirpado.
Si quisieras coger la mano de la música
y andar por mi sangre envenenada
como los ciegos que sujetan a la cuerda que siempre
termina por rodear un cuello.
Si te atrevieras a cruzar ese pantano de lágrimas
y tirar a los cocodrilos que ya no devoran mi carne de sabor amargo
el pan recién horneado de tu sonrisa.
Si quedaras, como se queda el viento
en el rostro sereno del agua
difuminando soles de sombras
y piedras que resucitan al fondo
de un te quiero.
Y no comprendo
como es que todavía estoy lleno de pájaros
picoteando los restos
de la placenta de mi canto extirpado.
Si quisieras coger la mano de la música
y andar por mi sangre envenenada
como los ciegos que sujetan a la cuerda que siempre
termina por rodear un cuello.
Si te atrevieras a cruzar ese pantano de lágrimas
y tirar a los cocodrilos que ya no devoran mi carne de sabor amargo
el pan recién horneado de tu sonrisa.
Si quedaras, como se queda el viento
en el rostro sereno del agua
difuminando soles de sombras
y piedras que resucitan al fondo
de un te quiero.
Y no comprendo
como es que todavía estoy lleno de pájaros
picoteando los restos
de la placenta de mi canto extirpado.
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