Maldonado
Poeta veterano en el Portal
tantos años nos amamos, que no sabiamos cuanto,
pero el placer de vernos a los ojos era grande.
Cruzábamos de la mano, umbrales de alegría
nos salpicábamos en nuestra fuente de agua cristalina.
La vida cambia de pronto y tus pasos cambiaron vías,
no sabia que perder un amor me llenara de miedo.
Mientras el viento frío, helaba mi cuerpo solitario,
tu calor abrigó con novedad, un nuevo cuerpo.
Dios hazme fuerte, siento el peso de la muerte,
mis manos tiemblan y deshago nudos en la garganta.
Mi vida entre tus manos es vida, si tus manos
acarician otra vida, mi vida que es tuya, esta perdida.
He renunciado a verte, he renunciado a oírte,
a decirte que te amo, pero no he renunciado a amarte.
Sin que salgan, dejaré que mis lágrimas ardan,
que se amontonen en mi pecho, que solo me queme dentro.
No puedo decir nada que te haga sentir mal,
igual sufro yo si sufres por mi reproche,
que se acabe el día, sin tu amor, que venga la noche.
Encerrando mi dolor en el alma, callaré mis palabras,
tristeza grande que desgarra mi silencio oscuro,
como no sonreírte y decirte que mi amor es puro.
Pero no me dejaré ver atravesado en tu camino,
nunca te haré infeliz, sin preocuparte disfruta tu desiz.
He renunciado a verte, he renunciado a oírte,
encerrando mi dolor en el alma, callaré mis palabras.
Solo por ahora y escondido, lloraré unas horas,
en el sepulcro frío de nuestra historia.
Ramón Maldonado Velarde
21/11/08
pero el placer de vernos a los ojos era grande.
Cruzábamos de la mano, umbrales de alegría
nos salpicábamos en nuestra fuente de agua cristalina.
La vida cambia de pronto y tus pasos cambiaron vías,
no sabia que perder un amor me llenara de miedo.
Mientras el viento frío, helaba mi cuerpo solitario,
tu calor abrigó con novedad, un nuevo cuerpo.
Dios hazme fuerte, siento el peso de la muerte,
mis manos tiemblan y deshago nudos en la garganta.
Mi vida entre tus manos es vida, si tus manos
acarician otra vida, mi vida que es tuya, esta perdida.
He renunciado a verte, he renunciado a oírte,
a decirte que te amo, pero no he renunciado a amarte.
Sin que salgan, dejaré que mis lágrimas ardan,
que se amontonen en mi pecho, que solo me queme dentro.
No puedo decir nada que te haga sentir mal,
igual sufro yo si sufres por mi reproche,
que se acabe el día, sin tu amor, que venga la noche.
Encerrando mi dolor en el alma, callaré mis palabras,
tristeza grande que desgarra mi silencio oscuro,
como no sonreírte y decirte que mi amor es puro.
Pero no me dejaré ver atravesado en tu camino,
nunca te haré infeliz, sin preocuparte disfruta tu desiz.
He renunciado a verte, he renunciado a oírte,
encerrando mi dolor en el alma, callaré mis palabras.
Solo por ahora y escondido, lloraré unas horas,
en el sepulcro frío de nuestra historia.
Ramón Maldonado Velarde
21/11/08
Última edición:
::