Nat Guttlein
さん
Abril se acaba,
la lluvia recibe el primer lunes que despierto sin rastros de ti.
Sin mensajes, sin palabras.
Que aunque me parecían vacías,
llegaba a juntarlas,
meterlas en una bolsa y llenarme de heridas contandolas,
una a una.
El frío húmedo se trepa por el vidrio de la ventana de mi cocina.
El humo de mis cigarros ondea en el aire, y mientras baila,
parece adquirir las formas de tu silueta.
El mismo pájaro sigue a los gritos apoyado en el limonero de mi patio,
los mismos dolores de cabeza me acompañan,
a la par de los arrepentimientos.
Siempre añore poder amarte,
siempre soñamos dibujar paisajes y crear arcoíris.
Pero el cielo se nos nubló,
las nubes negras se comieron nuestros besos,
y como ves, sigue lloviendo.
Pero no tanto afuera, sino,
aquí dentro.
la lluvia recibe el primer lunes que despierto sin rastros de ti.
Sin mensajes, sin palabras.
Que aunque me parecían vacías,
llegaba a juntarlas,
meterlas en una bolsa y llenarme de heridas contandolas,
una a una.
El frío húmedo se trepa por el vidrio de la ventana de mi cocina.
El humo de mis cigarros ondea en el aire, y mientras baila,
parece adquirir las formas de tu silueta.
El mismo pájaro sigue a los gritos apoyado en el limonero de mi patio,
los mismos dolores de cabeza me acompañan,
a la par de los arrepentimientos.
Siempre añore poder amarte,
siempre soñamos dibujar paisajes y crear arcoíris.
Pero el cielo se nos nubló,
las nubes negras se comieron nuestros besos,
y como ves, sigue lloviendo.
Pero no tanto afuera, sino,
aquí dentro.