P
Paloma Martin
Invitado
Llovizna, no llueve.
La llovizna es esa cortina
de agua finita
que le pone música al aire.
Sus gotas son cuerdas de un arpa
que suenan cuando pasa el viento
que despacito las mueve.
Si las contemplas desde adentro,
las gotitas son los cristales
en que se deshace
el vidrio de tu ventana.
Si en cambio te animas y sales
el día te besa suave
en las mejillas y en los labios,
como pidiendo perdón
por no darte el sol .
Amo la llovizna tiene algo
que me pertenece
en su cuerpo delgado
o yo tengo de ella algo
que le he quitado,
se corporiza en mi pelo
que me cae lánguido a los lados.
Tiene ese minuto suspendido
de silencio, de caer lento
para mirar antes de llegar al piso.
Como yo que me suspendo
en el aire por segundos,
para dejarme caer con las manos,
en esta pista que me presta la hoja.
Yo hago que lloviznen las letras
que por finitas, por transparentes
no dicen nada,
pero que si las miras a trasluz quizás te digan más.
La llovizna es esa cortina
de agua finita
que le pone música al aire.
Sus gotas son cuerdas de un arpa
que suenan cuando pasa el viento
que despacito las mueve.
Si las contemplas desde adentro,
las gotitas son los cristales
en que se deshace
el vidrio de tu ventana.
Si en cambio te animas y sales
el día te besa suave
en las mejillas y en los labios,
como pidiendo perdón
por no darte el sol .
Amo la llovizna tiene algo
que me pertenece
en su cuerpo delgado
o yo tengo de ella algo
que le he quitado,
se corporiza en mi pelo
que me cae lánguido a los lados.
Tiene ese minuto suspendido
de silencio, de caer lento
para mirar antes de llegar al piso.
Como yo que me suspendo
en el aire por segundos,
para dejarme caer con las manos,
en esta pista que me presta la hoja.
Yo hago que lloviznen las letras
que por finitas, por transparentes
no dicen nada,
pero que si las miras a trasluz quizás te digan más.
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