Llovizna
Llueve silencios detrás
de la boca donde la lengua
ataja el precipicio;
te me haces eco en el páramo
de los sentidos que hoy emergen
cual mariposa de su capullo.
Se siente el quiebre, ese
chasquido intermitente
de las posturas del cuerpo al levantarse
de la aurora inverosímil de su reflejo,
y es que se fisura como
vidrio segmentado
luego del golpe de la piedra,
y aún así,
me queda tu nombre en el génesis del
agua en el glácil que la congela.
Costumbre mía,
mala costumbre la mía
que todo me duela y no sepa discernir
de miradas que se columpian
en el transitar de la nada…
Llueve silencios detrás
de la boca donde la lengua
ataja el precipicio;
te me haces eco en el páramo
de los sentidos que hoy emergen
cual mariposa de su capullo.
Se siente el quiebre, ese
chasquido intermitente
de las posturas del cuerpo al levantarse
de la aurora inverosímil de su reflejo,
y es que se fisura como
vidrio segmentado
luego del golpe de la piedra,
y aún así,
me queda tu nombre en el génesis del
agua en el glácil que la congela.
Costumbre mía,
mala costumbre la mía
que todo me duela y no sepa discernir
de miradas que se columpian
en el transitar de la nada…
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