Llueve en marzo.
Entre los finos laberintos
del agua, te busco. Me pregunto
si serías capaz de amar todavía
a un hombre que ha aprendido a agradecer
las pequeñas dádivas que nos dan los días:
la poesía,
el trabajo,
las flores,
el sabor de una cerveza...
Estoy curtido por los relojes:
mi presente ya es porvenir y olvido.
He sido desleal y me han sido desleales;
pero puedo sentir, de pronto,
una enigmática felicidad
que viene de mi antigua inocencia.
Sé que no puedo mirarte de cerca,
tal vez sea mi obligación ser un desdichado;
pero me gustaría disfrutar de la afortunada ráfaga
de verte, ¡sólo verte!
Llueve en marzo,
y quisiera, amor,
hoy mismo,
romper el suelo del tiempo
para ser raíz a tu lado.
Entre los finos laberintos
del agua, te busco. Me pregunto
si serías capaz de amar todavía
a un hombre que ha aprendido a agradecer
las pequeñas dádivas que nos dan los días:
la poesía,
el trabajo,
las flores,
el sabor de una cerveza...
Estoy curtido por los relojes:
mi presente ya es porvenir y olvido.
He sido desleal y me han sido desleales;
pero puedo sentir, de pronto,
una enigmática felicidad
que viene de mi antigua inocencia.
Sé que no puedo mirarte de cerca,
tal vez sea mi obligación ser un desdichado;
pero me gustaría disfrutar de la afortunada ráfaga
de verte, ¡sólo verte!
Llueve en marzo,
y quisiera, amor,
hoy mismo,
romper el suelo del tiempo
para ser raíz a tu lado.
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