Haise
poeta del hambre
llueve entre las vías
camino entre las vías,
a mi paso retroceden los tranvías
y, teñido de blanco y negro, cae el día
a través de la lluvia y las sirenas de los coches de la policía.
el frío pausa las gotas delante de mí,
como gotas de sueños del pasado
las guardo en mis bolsillos
para que siempre estén aquí.
comienzo a llorar reviviendo
todo aquello que aun no entiendo.
aquel doble apretón de manos antes de irnos, amor.
aquel último abrazo, abuelo, que debiste,
y espero que desde el día en que te fuiste
dónde fuere haya llovido, también, para diluir el dolor
y, hermano, tú también…
¿por qué te fuiste debiendo cien?
y, mamá, perdóname por tus noes
que síes creí porque fui estúpido
y, papá, sé que me quieres y no es
una escena típica de estas pequeñas películas de agua y latidos.
aquí va por las veces que jugué a fútbol con mis amigos
aunque no me gustara el fútbol ni una pizca,
solo quería estar con mis amigos.
aquí va por las mil y una borracheras bajo bolas de neones
girando al son de la cura, aguando los ardores,
lanzando al infierno las espinas de las flores
para olvidar que la vida habla en estrés, miedo, y, si no escuchas, pellizca.
y aquí va por las noches de esplín caminando entre las vías,
que, lo juro, mañana no existirán
pero prometo que me aferraré a las memorias y tranvías
que retrocedan con el bello plan
de volver allí.
camino entre las vías,
a mi paso retroceden los tranvías
y, teñido de blanco y negro, cae el día
a través de la lluvia y las sirenas de los coches de la policía.
el frío pausa las gotas delante de mí,
como gotas de sueños del pasado
las guardo en mis bolsillos
para que siempre estén aquí.
comienzo a llorar reviviendo
todo aquello que aun no entiendo.
aquel doble apretón de manos antes de irnos, amor.
aquel último abrazo, abuelo, que debiste,
y espero que desde el día en que te fuiste
dónde fuere haya llovido, también, para diluir el dolor
y, hermano, tú también…
¿por qué te fuiste debiendo cien?
y, mamá, perdóname por tus noes
que síes creí porque fui estúpido
y, papá, sé que me quieres y no es
una escena típica de estas pequeñas películas de agua y latidos.
aquí va por las veces que jugué a fútbol con mis amigos
aunque no me gustara el fútbol ni una pizca,
solo quería estar con mis amigos.
aquí va por las mil y una borracheras bajo bolas de neones
girando al son de la cura, aguando los ardores,
lanzando al infierno las espinas de las flores
para olvidar que la vida habla en estrés, miedo, y, si no escuchas, pellizca.
y aquí va por las noches de esplín caminando entre las vías,
que, lo juro, mañana no existirán
pero prometo que me aferraré a las memorias y tranvías
que retrocedan con el bello plan
de volver allí.
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