Minona
Poeta fiel al portal
Llueve mansamente,
el susurro del agua
acompaña los sueños
del pájaro cobijado entre las ramas
del árbol casi desnudo.
La juventud se pasó sin darnos cuenta.
Los hijos alzaron el vuelo
hacia un mar cruel e incierto.
Entonces la soledad acecha
como única superviviente
de todas las guerras.
El cielo sigue gris, como tus alas,
que antaño se vistieron de flores
y cálidas primaveras.
Llueve mansamente,
los amantes se esconden
en los soportales oscuros,
comiendo a besos la mandarina
que les quedaba.
Mis labios te recuerdan,
tu boca tenía también sabor
a naranja agria.
¿Dónde estarán ahora tus brazos,
afilados como espadas?
Llueve mansamente
y si así ha de venir la noche,
que sea ella la que me abrace
con su pelo estrellado
y su vestido de lunas,
para volar
como nunca he volado.
el susurro del agua
acompaña los sueños
del pájaro cobijado entre las ramas
del árbol casi desnudo.
La juventud se pasó sin darnos cuenta.
Los hijos alzaron el vuelo
hacia un mar cruel e incierto.
Entonces la soledad acecha
como única superviviente
de todas las guerras.
El cielo sigue gris, como tus alas,
que antaño se vistieron de flores
y cálidas primaveras.
Llueve mansamente,
los amantes se esconden
en los soportales oscuros,
comiendo a besos la mandarina
que les quedaba.
Mis labios te recuerdan,
tu boca tenía también sabor
a naranja agria.
¿Dónde estarán ahora tus brazos,
afilados como espadas?
Llueve mansamente
y si así ha de venir la noche,
que sea ella la que me abrace
con su pelo estrellado
y su vestido de lunas,
para volar
como nunca he volado.