Ana María Giordano
Poeta que no puede vivir sin el portal

Lluvia que cae sobre tu sombra...
Cae la lluvia mansamente...
Pegan las gotas
en la tierra que la acoge.
Estallan, se diluyen
y penetran hasta lo profundo.
Van en búsqueda de abismos tan ignotos;
fluyendo por estratos la corteza,
que la apresa avara
y la ofrece desprendida a las raíces ávidas.
Como es la pasión en que ardemos
que no aguarda,
que solo calmará su sed
cuando la riegues con tu ternura,
y con la pureza
que ella sabe que regalas.
¡Sedienta estoy de ti
para saciarme contigo
en mis noches negras!
Mansos ríos tan ocultos,
que llevan savia sagrada,
a rincones de la mente
donde solo habla el silencio
y recuerda tus palabras.
Retumbo del alma que gime por caricias
por los besos que huyen,
que quieren quedarse en tu boca...
¡Pero no se animan!
No eres mío,
ni soy tuya...
¡Están ellos amor!
¡Más nos amamos a pesar de todo!
Sigilo que es deseo
para conseguir momentos de plenitud,
en la aurora que me envuelve con tus ganas.
Sentir que la paz del alba es tuya,
y que entregarme a ti es vivir,
es renacer en luz,
en la rosa blanca,
bañada del rocío que se vierte
en el amanecer de luna.
¡Y que gimiendo te pide
que vuelvas a tomarla!
¡Te amo! No puedo evitarlo...
Es ese instante que deja
tu destello mágico,
el que me lleva al limbo
de los sueños que un día juntos realizamos.
¡Descanso de mi espíritu!
Te ofrezco mi flor más pura,
en cada molécula de agua
que cae sobre tu sombra.
La recubre
la besa
¡La salva !
Ana María Di Bert Giordano