Darkshade
Poeta adicto al portal
Arduo es caminar
con el viento del Norte rasgándote la cara,
noqueando cada paso que das.
Más difícil
si a una nube se le antoja escupir hielos.
El paraguas: otra mentira de la vida;
la brisa lo arrebata de tus manos
y nuevos trozos te golpean en la testa
para acabar derretidos en tus jeans.
Pasas frente al portal de reja roja
y escuchas al padre: ‹‹¡Me da igual que sea tu amigo,
yo no quiero que estés con él!››.
Volteas.
Cruzas tu mirada por azar
con la del niño,
tiene unos cinco años o seis…
y allí están
los hielos derretidos,
tus manos,
el arrebato, la brisa,
la vida y cada una de sus jodidas mentiras,
tu paraguas y los cubos,
los escupitajos de las nubes,
la dificultad.
Ahí está la noqueada, el ventarrón, tu cara rasgada,
el Norte y tu camino,
el ardor.
Todo.
Dentro.
En los ojos de un infante que no entiende
y tú tampoco.
con el viento del Norte rasgándote la cara,
noqueando cada paso que das.
Más difícil
si a una nube se le antoja escupir hielos.
El paraguas: otra mentira de la vida;
la brisa lo arrebata de tus manos
y nuevos trozos te golpean en la testa
para acabar derretidos en tus jeans.
Pasas frente al portal de reja roja
y escuchas al padre: ‹‹¡Me da igual que sea tu amigo,
yo no quiero que estés con él!››.
Volteas.
Cruzas tu mirada por azar
con la del niño,
tiene unos cinco años o seis…
y allí están
los hielos derretidos,
tus manos,
el arrebato, la brisa,
la vida y cada una de sus jodidas mentiras,
tu paraguas y los cubos,
los escupitajos de las nubes,
la dificultad.
Ahí está la noqueada, el ventarrón, tu cara rasgada,
el Norte y tu camino,
el ardor.
Todo.
Dentro.
En los ojos de un infante que no entiende
y tú tampoco.
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