Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
El cielo gris se abre en agua.
Bajo el paraguas caminamos
con marcha acompasada.
Las gotas de lluvia
repiquetean en la tela,
como el latido
del corazón de la tarde,
como música del agua, redoble
que marca nuestra marcha.
Se empapa el hombro
de mi gabardina
y el suelo se vuelve espejo,
pantalla en que se emite,
por un instante,
la película de nuestro pasar.
Surcan los zapatos
pequeños charcos,
como barcas diminutas
que se ven asaltadas
por golpes de agua.
Y nos hace aproximarnos,
casi apretados bajo el paraguas,
juntos, como si los corazones
latiesen al unísono.
Esa proximidad que agrada,
que se anhela, que se sueña.
Tarde hermosa de lluvia.
Bajo el paraguas caminamos
con marcha acompasada.
Las gotas de lluvia
repiquetean en la tela,
como el latido
del corazón de la tarde,
como música del agua, redoble
que marca nuestra marcha.
Se empapa el hombro
de mi gabardina
y el suelo se vuelve espejo,
pantalla en que se emite,
por un instante,
la película de nuestro pasar.
Surcan los zapatos
pequeños charcos,
como barcas diminutas
que se ven asaltadas
por golpes de agua.
Y nos hace aproximarnos,
casi apretados bajo el paraguas,
juntos, como si los corazones
latiesen al unísono.
Esa proximidad que agrada,
que se anhela, que se sueña.
Tarde hermosa de lluvia.
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