Lo extraño es que lo extraño

Francisco Lechuga Mejia

Poeta que no puede vivir sin el portal
Lo extraño es que lo extraño

Si supieras cuanto extraño el local de mala suerte con la gente de mala suerte que pasaba a diario y me saludaba y me ofrecía un buen consejo y una tortilla y al Aguacate, el niño de 10 años que se ha quedado ciego por causa de los dos tumores en el cerebro que le nacieron a su familia el mismo día que él le nació al mundo y que a pesar de todo sonríe cada vez que escucha una voz a su lado.

¡Ah! Pero siendo egoísta aliento de mandarina, por sobre todo extraño al ángel aquel que me pidió que lo besara en los labios después de recordarme que después de hacerlo mis labios se fundirían para siempre, y no contó con mi cobardía y con su mala suerte y la mía y lo único que logró fue dejarme en las manos un racimo de lluvia que cayó de sus ojos cuando le expliqué que te estoy esperando porque aún no resuelves tus confusiones y que estas por allá en tu lejanía probando los nuevos frutos, nuevas manzanas, el calor de otras pieles, el estremecerte ante el sonido de otras voces que quizás te leen poesía en las lindes de otras camas.

Lo extraño es que lo extraño en noches como estas en que la noche es tan clara que por la rendija de la ventana se cuela un haz de la luna hasta el cajón donde guardo el atado de lluvia que se me quedó de recuerdo y brilla como tus ojos, ¡diantres! cómo ha de brillar ahora sin mí tu mirada.

Lo extraño es que extraño sus rulos dorados como los tuyos, sus piernas delgadas como palitos de paleta de guanábana, sus ojos verdes de mar en calma y sus cejas que eran tan semejantes como la prisión de mis dedos, todo como lo tuyo, y que cuando desplegó sus alas para marcharse me dijo que sabía que el consejo que le daba de regresar después de probar de todo en la vida sin sembrar fantasma era para un ángel sin alas.

Si supieras, aliento de manzanilla, cuanto extraño a ese ángel en noches de luna, si supieras que también extraño mi mala suerte porque sin ti todo se siente como cuando estaba inmerso entre tanta gente con tan mala suerte que jamás tendrá la oportunidad de decirle a un ángel que espero sin preguntas a otro ángel que no sabe que tiene alas, y que por eso tarda y que por eso tardas.

Gayo 10.9.11 en una noche en donde los gatos y los perros se esconden, pues saben que la luna llena es mía para mirarte, para extrañarte, para aullarte.



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Última edición por un moderador:
aliento de mandarina, aliento de manzanilla.
Texto fractalizado que va creciendo sobre sí mismo en nubes escaladas por el silencio que espera al ángel por los besos después de los besos.
Precioso.
 

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