Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lo que digo es la mitad de lo que pienso
y lo que pienso mucho más de lo que soy,
ni muchacho ni tan joven ni tan viejo
ni tan sabio como un libro de ficción.
Fabrico miniaturas de los viajes que no he hecho,
y con saliva pego los trozos de papel
del mapa que conducía hasta mis sueños
y que perdí en la taza del café.
Enanitos, gigantes, brujas y aprendices
de tantas pócimas que nunca funcionaron,
la maldición de los siete años del espejo,
el bien está donde quiera mi corazón.
Deberían crear escuelas para nunca irnos de huelga,
y reyes que tengan reinos por montón
para repartirlos cada mañana entre la niebla
que sale cuando se ha cansado el sol.
Lo importante es lo que creo y no lo que te cuento,
lo importante es que tengamos más color
en esta manta que se ensucia de recuerdos
y que no logra borrar el mal sabor.
Ni llorar porque se nos ha escapado la vida
ni sufrir porque se murió el amor,
cada noche tiene su propia pesadilla
y cada amanecer un nuevo corazón.
Qué suerte más grande tienen los pobres
que no sufren de avaricia ni egoísmo,
qué maldición la de los millonarios hombres
que no miran más allá de su calzoncillo.
y lo que pienso mucho más de lo que soy,
ni muchacho ni tan joven ni tan viejo
ni tan sabio como un libro de ficción.
Fabrico miniaturas de los viajes que no he hecho,
y con saliva pego los trozos de papel
del mapa que conducía hasta mis sueños
y que perdí en la taza del café.
Enanitos, gigantes, brujas y aprendices
de tantas pócimas que nunca funcionaron,
la maldición de los siete años del espejo,
el bien está donde quiera mi corazón.
Deberían crear escuelas para nunca irnos de huelga,
y reyes que tengan reinos por montón
para repartirlos cada mañana entre la niebla
que sale cuando se ha cansado el sol.
Lo importante es lo que creo y no lo que te cuento,
lo importante es que tengamos más color
en esta manta que se ensucia de recuerdos
y que no logra borrar el mal sabor.
Ni llorar porque se nos ha escapado la vida
ni sufrir porque se murió el amor,
cada noche tiene su propia pesadilla
y cada amanecer un nuevo corazón.
Qué suerte más grande tienen los pobres
que no sufren de avaricia ni egoísmo,
qué maldición la de los millonarios hombres
que no miran más allá de su calzoncillo.