Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
Soy invisible frente a tus ojos
entre los dos merodea un tráfico de nostalgia
los consumos abruptos medios tibios como suspiros
y frente a mí la sombra del árbol de mi espanto
que me llama desde una búsqueda
entre los dos merodea un tráfico de nostalgia
los consumos abruptos medios tibios como suspiros
y frente a mí la sombra del árbol de mi espanto
que me llama desde una búsqueda
detrás de mí.
Entre mi odisea a través de los utensilios
y luego en el afán de todas los túneles que arden,
tú me hiciste acariciar las piedras heladas
en aquel camino miserable que mis pies no tocaban
y entonces en mi búsqueda de alas desesperadas
los diálogos se mineralizaban en mi ego,
aquí no té encontré,
ni pude acudir al confín de tu deseo,
soy un místico de tu vaciedad...
Le doy la soledad al espacio que tiene tu "yo"
misteriosas neuronas te alocan en un deseo volcánico
ni puedes ser conciencia que arde,
solo vaciar el cuerpo,
yo me veo al borde de tu piel como un abismo de flores
y tránsito en murmullos con los dedos de la agonía
y se me hacen todos los instrumentos imperceptibles
y entro de golpe en la alquimia de tu cuerpo,
así vamos descubriendo la genealogía de este sentimiento,
nos hinchamos de odio-amor-deseo: un imán de oro,
tu cuerpo que quiere ser
y el mío ya clavado a tu piel,
la energía que forjamos nos nubla el cielo
y nos mezclamos en un solo continente
y somos hijos de nuestra ocurrencia:
hijos diferenciados al roce de
madre y padre
y tu hijo en la carne
y en las alas del pasado que
me besa en el último
movimiento
de conciencia,
de amor.
y luego en el afán de todas los túneles que arden,
tú me hiciste acariciar las piedras heladas
en aquel camino miserable que mis pies no tocaban
y entonces en mi búsqueda de alas desesperadas
los diálogos se mineralizaban en mi ego,
aquí no té encontré,
ni pude acudir al confín de tu deseo,
soy un místico de tu vaciedad...
Le doy la soledad al espacio que tiene tu "yo"
misteriosas neuronas te alocan en un deseo volcánico
ni puedes ser conciencia que arde,
solo vaciar el cuerpo,
yo me veo al borde de tu piel como un abismo de flores
y tránsito en murmullos con los dedos de la agonía
y se me hacen todos los instrumentos imperceptibles
y entro de golpe en la alquimia de tu cuerpo,
así vamos descubriendo la genealogía de este sentimiento,
nos hinchamos de odio-amor-deseo: un imán de oro,
tu cuerpo que quiere ser
y el mío ya clavado a tu piel,
la energía que forjamos nos nubla el cielo
y nos mezclamos en un solo continente
y somos hijos de nuestra ocurrencia:
hijos diferenciados al roce de
madre y padre
y tu hijo en la carne
y en las alas del pasado que
me besa en el último
movimiento
de conciencia,
de amor.
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