Lo mountroso del teatro

Armando Gómez

Poeta recién llegado
Asignó papeles en su mente
Recogió su orgullo, y abrió el telón
Ensayó su engaño
Y con amor lo interpretó

La comedia del valiente
Sufrir riendo, para hacer reír
Reír que es simple
Entender y reír que se complica

Amargado, lloró
El nacimiento de su apocalipsis
Un carnaval, digno de celebrar
Para conformar la lágrima de su pequeña canción

Toma tras toma, romper una cadena nueva
Dura, frágil, necia
Desistiendo a la pose
Para dejar viva la esencia

Lagunas mentales puestas a favor del rostro
Transtornos geométricos, puestos en una mirada
Paulatina, serena y veloz, como la muerte
Cíclica, formal, absurda, como la existencia

Vocalizar dos letras, tallar estatuas
Gestar discursos que trascienden por un gesto
Registrar elocuencia
Fotografiando la catarata en el ojo crítico

Hacer al tartamudo orador
Al gran retórico, enérgico
Al excéntrico, psicópata
Al tiempo, vacío, existente

Final del guión, principio de la historia
Conflicto del subconsciente, genio del arte
Del desencarnarse, y proponer
Del doblegar al protagonista, para extrapolarse

Y alcanzar los límites, del héroe
Pasear orgulloso al villano
Diseñar un plan maestro
Pará robar el diamante, y darle créditos al maquillaje

Acción inquebrantable del drama
Terror del sofá
Amor del convencimiento
Que glorifica al que lo filma

Corte tras corte
Imagen de luz
Tiempos pensados, pausados
Giro traumante del que interactua con el espejo, y encuentra la constante...
 

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