Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lo que arrastra el río.
Uno piensa: ¿Dónde se detuvieron tus pasos?
Tu sonrisa doliente porque sufrías mientras
calmabas la sed inquisidora
que corroe la avaricia de tu cuerpo...
Yo recuerdo, con ternura, la plasticidad de tus piernas,
el arco de tus muslos y su tibieza.
Y tus ojos. Tus ojos de miel de abeja.
Desde la sombra de tu voz llegó tu beso.
Saltó de la página avitelada
y manchó con su tinta las lágrimas de enjuague
con que estrujaba el alma...
Uno piensa: ¿Dónde se detuvieron tus pasos?
Tu sonrisa doliente porque sufrías mientras
calmabas la sed inquisidora
que corroe la avaricia de tu cuerpo...
Yo recuerdo, con ternura, la plasticidad de tus piernas,
el arco de tus muslos y su tibieza.
Y tus ojos. Tus ojos de miel de abeja.
Desde la sombra de tu voz llegó tu beso.
Saltó de la página avitelada
y manchó con su tinta las lágrimas de enjuague
con que estrujaba el alma...
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