O por lo que cosecha.
Dado que la tierra nos ama.
Pero no al estilo de Osama Bin Ladén.
Que derribó las Torres Gemelas, para que Nueva York, se pareciera al Paraíso Terrenal, o Edén.
Sino con paz y armonía, evitando la ruidosa algarabía de los ciudadanos, y sus manías.
Porque hay muchos capitanes de la piromanía.
A la gente le encanta el incendio. La ruina, la catástrofe, la hecatombe...
Y lo graban, con su teléfono móvil. Se deleitan en la masacre de una selva virgen.
Pues el martirio siempre fue la obra de Caín, y de sus hijos bastardos.
Y claro, Caín está en todas partes. Se ramifica, como la peste bubónica lo hizo por toda Europa.
Lo que ocurre es que luego, se disfraza de hombre bueno. Interpreta su papel...
Se disfraza de Jesús de Nazareth....
Pero en el fondo, subyace ese mismo afán conquistador, profanador y reventador de cráneos.
O sea, es el mismo Sansón, o el mismo perro, con distinto collar.