Lo que fue el fruto prohibido ahora es tu cuerpo

Alan Rosas

Poeta recién llegado
Yo también le dí una mordida
al fruto prohibido.
Nadie me incitó a probarlo,
al ver tus ojos caí rendido
sin renegar al pecado.
No me alcé para alcanzarlo,
solo me tiré sobre tus labios.
Ahora que sé la desemejanza
de lo bueno y lo malo,
nada me sabe tan bien
como ese relieve,
que está por encima de tu mentón
y por debajo de tu pequeña napia.
Le dí una mordida
al fruto prohibido,
saboreé el fontana de tu boca
y me aventuré con tu lengua.
El beso que me condenó
a estar esclavizado,
enamorado de ti,
estoy sentenciado
a libertad incondicional.
Lo que fue el fruto prohibido
ahora es tu cuerpo,
el cual la mordida es el beso.

Mordí el fruto, besé tu cuerpo.
La definición de tu cuerpo perfecto,
es de la casta de esa fruta
que pendía del árbol vedado.
Tal cual es la afinidad
entre esa pera y tu cuerpo,
que la perfección
no pasa por desapercibida.
Mordí el fruto, besé tu cuerpo.
Esas curvas tan bien definidas
como si con un pincel
las hubiesen delineado,
me llevan camino a mi bohemia.
Allá donde la lujuria
tiene un lunar en la sien izquierda.
Ahí me sonríe la picardía
de oreja a oreja.
Mordí el fruto, besé tu cuerpo.
En este romanticismo
siempre me encuentro
en la encrucijada de tu vientre,
titubeante a causa de mi vehemencia,
vacilo sobre tu cuerpo
porque está forjado con mis deseos.

Mi necesidad fue el resultado
de la primera vez que te vi.
Eso me bastó
para sentirme en el auge
de dichas y placeres.
Porque desde es día,
mi felicidad tiene nombre
para gritarlo a los cuatro vientos,
cuando estoy colmado de ella.
Mi calma tiene boca,
que me canta
la mejor canción del mundo,
muy cercas al oído.
Mi pasión tiene labios
en los cuales sucumbo,
hasta que mi arte
quede inmortalizado.
Mi libertad tiene manos
las cuales son mi yugo,
para no huir lejos de ella.
Mis aspiraciones tienen pies y piernas,
que en su andar
voy siguiendo sus huellas.
Mi vida tiene cintura
a la cual me aferro,
para no perderla.
Y mi obsesión, es una mujer.

Ver ese rostro lleno de atributos,
me bastó para entregarme a ti.
Fue suficiente para dedicarme
a ésta veneración, a este amor.
Inmortalizado en la devoción
de cada verso y cada acento,
de cada punto y cada coma,
de esta balada que novela
mi amor por ti.
Este amor con el que te amo,
es eterno, es para siempre ...
 
Última edición:
Yo también le dí una mordida
al fruto prohibido.
Nadie me incitó a probarlo,
al ver tus ojos caí rendido
sin renegar al pecado.
No me alcé para alcanzarlo,
solo me tiré sobre tus labios.
Ahora que sé la desemejanza
de lo bueno y lo malo,
nada me sabe tan bien
como ese relieve,
que está por encima de tu mentón
y por debajo de tu pequeña napia.
Le dí una mordida
al fruto prohibido,
saboreé el fontana de tu boca
y me aventuré con tu lengua.
El beso que me condenó
a estar esclavizado,
enamorado de ti,
estoy sentenciado
a libertad incondicional.
Lo que fue el fruto prohibido
ahora es tu cuerpo,
el cual la mordida es el beso.

Mordí el fruto, besé tu cuerpo.
La definición de tu cuerpo perfecto,
es de la casta de esa fruta
que pendía del árbol vedado.
Tal cual es la afinidad
entre esa pera y tu cuerpo,
que la perfección
no pasa por desapercibida.
Mordí el fruto, besé tu cuerpo.
Esas curvas tan bien definidas
como si con un pincel
las hubiesen delineado,
me llevan camino a mi bohemia.
Allá donde la lujuria
tiene un lunar en la sien izquierda.
Ahí me sonríe la picardía
de oreja a oreja.
Mordí el fruto, besé tu cuerpo.
En este romanticismo
siempre me encuentro
en la encrucijada de tu vientre,
titubeante a causa de mi vehemencia,
vacilo sobre tu cuerpo
porque está forjado con mis deseos.

Mi necesidad fue el resultado
de la primera vez que te vi.
Eso me bastó
para sentirme en el auge
de dichas y placeres.
Porque desde es día,
mi felicidad tiene nombre
para gritarlo a los cuatro vientos,
cuando estoy colmado de ella.
Mi calma tiene boca,
que me canta
la mejor canción del mundo,
muy cercas al oído.
Mi pasión tiene labios
en los cuales sucumbo,
hasta que mi arte
quede inmortalizado.
Mi libertad tiene manos
las cuales son mi yugo,
para no huir lejos de ella.
Mis aspiraciones tienen pies y piernas,
que en su andar
voy siguiendo sus huellas.
Mi vida tiene cintura
a la cual me aferro,
para no perderla.
Y mi obsesión, es una mujer.

Ver ese rostro lleno de atributos,
me bastó para entregarme a ti.
Fue suficiente para dedicarme
a ésta veneración, a este amor.
Inmortalizado en la devoción
de cada verso y cada acento,
de cada punto y cada coma,
de esta balada que novela
mi amor por ti.
Este amor con el que te amo,
es eterno, es para siempre ...
Interesante enigma nos regala tu poema, grato leerte
 

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