DIEGO
Poeta adicto al portal
Hoy, lunes de noviembre de este impredecible 2006, me preguntaste: ...qué es lo que te gusta de mí, físicamente..., y lo hiciste con la trivialidad y el inocente desparpajo de quien pregunta si salió el sol o sigue lloviendo en la acera...
¿Qué es lo que más me gusta de tí...? vaya pregunta simple de compleja resolución...
Bien podría contestar que simplemente tu belleza es un axioma, con lo cual, no estaría faltando a la verdad y lograría una salida elegante...
Pero, se me antoja un reto más importante y apetecible de ser aceptado... digamos que es todo un desafío intentar una respuesta que me conforme y que además (como si eso fuera poco), se ajuste a la realidad. Vamos a ver...
A fuer de ser sincero, hermosa, tengo tus fotos ante mi vista a fin de que sean mi guía en esta aventura filosófico - literaria.
Dos imponentes retratos muy diferenciados el uno del otro; ya sea porque uno es horizontal y el otro vertical, uno es formal y clásico mientras el otro hace de la informalidad su condición preponderante. He allí la primera y obvia diferencia.
Pero, claro está, voy a detenerme en el primero de ellos.
A primera vista, resulta maravilloso el contraste que forma el verde adornando la piedra, dos elementos naturales que se confunden proporcionando el ámbito ideal para enmarcar la sugestiva belleza de tu presencia en primer plano...
Belleza ésta que se me antoja tan caprichosa como exagerada; porque, bonita, hay que reconocer que a veces, la madre natura se ensaña con algunas de sus criaturas, y como contrapartida, otorga a otras todas las bendiciones de que es capaz... no necesito aclarar que eres un claro ejemplo de lo segundo...
Pero, vayamos directamente a lo que nos atañe:
Lo que me gusta de tí.
Por una cuestión de orden, y como convención de método, acordemos comenzar por el rostro.
Es imposible no detenerse en esa sonrisa que se me antoja celestial, porque sin duda, si los ángeles sonríen, esa es su sonrisa... plena de luz, que invita a su vez, a ejercer involuntariamente un esbozo similar, tan contagioso como intenso. Sonrisa que se me figura la que sin duda tiene quien cuida la entrada del paraíso celestial... por consiguiente, deduzco bonita, que te ha sido prestada por quién sabe que beldad angelical; aunque también cabe la posibilidad de que tú misma seas un ángel en la tierra... circunstancia que a la luz de los acontecimientos no es improbable...
Si pudiese internarme en la profundidad de tus ojos, seguramente conocería los secretos más íntimos de la gema de tu alma. Jamás avizoré poder tan grande emanado desde unas pupilas...
Es literalmente imposible resistirse a semejante atracción, mis ojos se sienten desvalidos e incapaces de negarse a ser hipnotizados por ellos.
¿Qué poder inconmensurable ocultan semejantes centellas? ¿Son acaso el generador de la luz que día tras día despierta sobre el horizonte para alumbrar a las universales criaturas?.., ¿Acaso los mismos que al cerrarse echan un manto de penumbras y ciernen un abismo celeste sobre la humanidad toda?..
¿Qué maravillosos secretos esconden en sus profundidades que alteran de tal forma mi razón?
Hacer caso omiso de una herida tan rosada y perfecta que se me antoja la puerta de entrada al placer de los Dioses, es desconocer las leyes fundacionales de la perfección estética.
Hasta el mismo Olimpo palidece ante tamaña ostentación de belleza... y como si no alcanzara con ello, las perlas nacaradas de tus dientes agregan una condición que roza lo obsceno por
la exagerada demostración de poder divino...
Boca que paradójicamente invita a beber de su esplendor; oasis en el que más de un viajero sediento se quedaría a abrevar de por vida...
Línea divisoria que separa el Occidente del Oriente, pero que duplica la posibilidad de seguir admirando tal maravilla en su conjunto. Grácil almendra que une y separa, que suma y divide, que completa la armonía de una faz sin competencias.
La misma Penélope se ruborizaría de vergüenza.
Un torrente semejante de preciosos cabellos oscuros cuyo único fin es contrastar con lo blanco de tu alma, se deja caer sobre unos hombros que incitan a descubrirlos cual si fueran enigmáticos paradigmas ocultos en la tiniebla de los tiempos... y me tienta hacerlo...
Observando las tuyas, finalmente entiendo porqué fueron hechas para acariciar... sólo por el hecho de advertir la tersura y suavidad implícita en su graciosa fineza, quiero ser quien las tenga entre las suyas, quien reconozca su tacto con el mío, quien les enseñe el camino...
Y, finalmente, preciosa, recorriendo por enésima vez tu retrato, sigo perdiendo los sentidos en contacto con tu presencia..., agradeciendo al creador poder ver para observar, vivir para sentir, creer para verificar y, teniendo la íntima esperanza de ser yo, quien tenga el derecho exclusivo a tal tesoro de la humanidad; no sabré jamás si lo merezco, pero por ahora me gusta creer que sí, que es un sueño con visos de realidad y del que nunca quisiera despertar.
¿Ves?, lo que me gusta de tí es tan difícil de explicar como sencillo de entender... absolutamente TODO.
Pero lo que más me gusta de tí, es que tu existencia y tu aparición mágica en mi vida, da por tierra con el ateísmo, porque no hace si no confirmarle al mundo que Dios existe.
Y eso, no es poca cosa...
Este loco que nunca será otro del que es.
14 de noviembre de 2006, a pesar de todo, gracias Soledad.
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¿Qué es lo que más me gusta de tí...? vaya pregunta simple de compleja resolución...
Bien podría contestar que simplemente tu belleza es un axioma, con lo cual, no estaría faltando a la verdad y lograría una salida elegante...
Pero, se me antoja un reto más importante y apetecible de ser aceptado... digamos que es todo un desafío intentar una respuesta que me conforme y que además (como si eso fuera poco), se ajuste a la realidad. Vamos a ver...
A fuer de ser sincero, hermosa, tengo tus fotos ante mi vista a fin de que sean mi guía en esta aventura filosófico - literaria.
Dos imponentes retratos muy diferenciados el uno del otro; ya sea porque uno es horizontal y el otro vertical, uno es formal y clásico mientras el otro hace de la informalidad su condición preponderante. He allí la primera y obvia diferencia.
Pero, claro está, voy a detenerme en el primero de ellos.
A primera vista, resulta maravilloso el contraste que forma el verde adornando la piedra, dos elementos naturales que se confunden proporcionando el ámbito ideal para enmarcar la sugestiva belleza de tu presencia en primer plano...
Belleza ésta que se me antoja tan caprichosa como exagerada; porque, bonita, hay que reconocer que a veces, la madre natura se ensaña con algunas de sus criaturas, y como contrapartida, otorga a otras todas las bendiciones de que es capaz... no necesito aclarar que eres un claro ejemplo de lo segundo...
Pero, vayamos directamente a lo que nos atañe:
Lo que me gusta de tí.
Por una cuestión de orden, y como convención de método, acordemos comenzar por el rostro.
Es imposible no detenerse en esa sonrisa que se me antoja celestial, porque sin duda, si los ángeles sonríen, esa es su sonrisa... plena de luz, que invita a su vez, a ejercer involuntariamente un esbozo similar, tan contagioso como intenso. Sonrisa que se me figura la que sin duda tiene quien cuida la entrada del paraíso celestial... por consiguiente, deduzco bonita, que te ha sido prestada por quién sabe que beldad angelical; aunque también cabe la posibilidad de que tú misma seas un ángel en la tierra... circunstancia que a la luz de los acontecimientos no es improbable...
Si pudiese internarme en la profundidad de tus ojos, seguramente conocería los secretos más íntimos de la gema de tu alma. Jamás avizoré poder tan grande emanado desde unas pupilas...
Es literalmente imposible resistirse a semejante atracción, mis ojos se sienten desvalidos e incapaces de negarse a ser hipnotizados por ellos.
¿Qué poder inconmensurable ocultan semejantes centellas? ¿Son acaso el generador de la luz que día tras día despierta sobre el horizonte para alumbrar a las universales criaturas?.., ¿Acaso los mismos que al cerrarse echan un manto de penumbras y ciernen un abismo celeste sobre la humanidad toda?..
¿Qué maravillosos secretos esconden en sus profundidades que alteran de tal forma mi razón?
Hacer caso omiso de una herida tan rosada y perfecta que se me antoja la puerta de entrada al placer de los Dioses, es desconocer las leyes fundacionales de la perfección estética.
Hasta el mismo Olimpo palidece ante tamaña ostentación de belleza... y como si no alcanzara con ello, las perlas nacaradas de tus dientes agregan una condición que roza lo obsceno por
la exagerada demostración de poder divino...
Boca que paradójicamente invita a beber de su esplendor; oasis en el que más de un viajero sediento se quedaría a abrevar de por vida...
Línea divisoria que separa el Occidente del Oriente, pero que duplica la posibilidad de seguir admirando tal maravilla en su conjunto. Grácil almendra que une y separa, que suma y divide, que completa la armonía de una faz sin competencias.
La misma Penélope se ruborizaría de vergüenza.
Un torrente semejante de preciosos cabellos oscuros cuyo único fin es contrastar con lo blanco de tu alma, se deja caer sobre unos hombros que incitan a descubrirlos cual si fueran enigmáticos paradigmas ocultos en la tiniebla de los tiempos... y me tienta hacerlo...
Observando las tuyas, finalmente entiendo porqué fueron hechas para acariciar... sólo por el hecho de advertir la tersura y suavidad implícita en su graciosa fineza, quiero ser quien las tenga entre las suyas, quien reconozca su tacto con el mío, quien les enseñe el camino...
Y, finalmente, preciosa, recorriendo por enésima vez tu retrato, sigo perdiendo los sentidos en contacto con tu presencia..., agradeciendo al creador poder ver para observar, vivir para sentir, creer para verificar y, teniendo la íntima esperanza de ser yo, quien tenga el derecho exclusivo a tal tesoro de la humanidad; no sabré jamás si lo merezco, pero por ahora me gusta creer que sí, que es un sueño con visos de realidad y del que nunca quisiera despertar.
¿Ves?, lo que me gusta de tí es tan difícil de explicar como sencillo de entender... absolutamente TODO.
Pero lo que más me gusta de tí, es que tu existencia y tu aparición mágica en mi vida, da por tierra con el ateísmo, porque no hace si no confirmarle al mundo que Dios existe.
Y eso, no es poca cosa...
Este loco que nunca será otro del que es.
14 de noviembre de 2006, a pesar de todo, gracias Soledad.
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