Juan Manuel Botero Arias
Poeta recién llegado
Mis ideas me anclaron como un esclavo al idilio inexistente de su amor. Me aleje y la distancia empezó a ser un crepúsculo interminable, en el que agonizamos como un recuerdo agridulce.
Nunca me enfrenté a la batalla confesional de su rostro dudoso y ojos inquietos. Jamás ilustre con el discurso, todas esas enredaderas subterráneas que ocultaban mis obsesiones.
Mi cama silenciosa y la noche amarga, fueron testigos de las púas filosas y sus caricias ausentes, y así me quedé, absorto entre vacíos solitarios, que se extienden con el tiempo como una desventura perpetua.
Nunca me enfrenté a la batalla confesional de su rostro dudoso y ojos inquietos. Jamás ilustre con el discurso, todas esas enredaderas subterráneas que ocultaban mis obsesiones.
Mi cama silenciosa y la noche amarga, fueron testigos de las púas filosas y sus caricias ausentes, y así me quedé, absorto entre vacíos solitarios, que se extienden con el tiempo como una desventura perpetua.