Con qué orgullo frotas tus mejillas
donde el rímel es un río negro que mana llanto.
Te han herido tantas veces que ya el dolor es tu patria.
No hay futuro en el abismo sin orden de un presente
que ahoga tu ser con la desgracia pura de una fatalidad
sin alma.
Lo sabes, como sabes que tu orina es roja
y tu tos un continuo eco de espantos.
El temblor de las manos ya no acaricia
dulcemente las flores que poblaban el jardín
de aquella juventud invencible.
Nadas en un pozo y aunque veas el cielo
nunca habrá un sol que ilumine tu esperanza
ni una luz que te muestre el camino
por dónde
se regresa
al edén.
donde el rímel es un río negro que mana llanto.
Te han herido tantas veces que ya el dolor es tu patria.
No hay futuro en el abismo sin orden de un presente
que ahoga tu ser con la desgracia pura de una fatalidad
sin alma.
Lo sabes, como sabes que tu orina es roja
y tu tos un continuo eco de espantos.
El temblor de las manos ya no acaricia
dulcemente las flores que poblaban el jardín
de aquella juventud invencible.
Nadas en un pozo y aunque veas el cielo
nunca habrá un sol que ilumine tu esperanza
ni una luz que te muestre el camino
por dónde
se regresa
al edén.
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