JAIME
Poeta adicto al portal
Locura
Lo-
cu-
ra.
mareas rugientes
de bosque humano.
Alguno que otro nacimiento
entre esos tantos allá,
desde esas puercas vaginas
infecundables.
Éste mundo está en negativo:
blanco cielo,
pecosas estrellas,
por decir vida.
Hoy
de algún cabo suelto de la tierra
salió el hombre,
raíz del arcoiris afuera,
perdido y buscando no sé dónde
sus tesoros.
Menguante agujero negro
allá arriba,
y aquí
aquí hay amor, amor en mi pecho,
por decir otra cosa.
Silencio por desquicio.
Tortura, a lo Cortázar boca arriba.
Si no soy yo,
Pus, pus desde los ojos:
una hormiga
lejos.
Caminos delirantes sin retorno
en las cuencas invernales,
y más que infinito
en la espesura del viento:
hedor de lo innatural.
Montañas de desperdicio inundadas y
el caos paciente que espera su
sortilegio en el aire:
sus siete trompetas aguardan; a mí
me suenan a deshielo.
Cómo se contempla el caos
desde la locura, cómo se
vive o muere desde el languidecer
que somete a este mundo, para algunos
muerte, que sea muerte, que venga
por fin en blancos mantos, que
suba pesada esta noche
a liberarnos:
desde los cielos
¡Oh, milagrosa!
Lo-
cu-
ra.
Siempre es locura.
Coágulo, costra arañada ymareas rugientes
de bosque humano.
Alguno que otro nacimiento
entre esos tantos allá,
desde esas puercas vaginas
infecundables.
Éste mundo está en negativo:
blanco cielo,
pecosas estrellas,
muerte
Hoy
de algún cabo suelto de la tierra
salió el hombre,
raíz del arcoiris afuera,
perdido y buscando no sé dónde
sus tesoros.
Menguante agujero negro
allá arriba,
y aquí
aquí hay amor, amor en mi pecho,
por decir otra cosa.
Silencio por desquicio.
Tortura, a lo Cortázar boca arriba.
Si no soy yo,
no soy.
una hormiga
volando
Caminos delirantes sin retorno
en las cuencas invernales,
infinito
en la espesura del viento:
hedor de lo innatural.
Montañas de desperdicio inundadas y
el caos paciente que espera su
sortilegio en el aire:
sus siete trompetas aguardan; a mí
me suenan a deshielo.
Cómo se contempla el caos
desde la locura, cómo se
vive o muere desde el languidecer
que somete a este mundo, para algunos
muerte, que sea muerte, que venga
por fin en blancos mantos, que
suba pesada esta noche
a liberarnos:
La resurrección
¡Oh, milagrosa!