M.G.Is
Poeta recién llegado
La nieve quemaba mis pies descalzos, deslizándose como agua entre mis dedos apenas tibios, la luna como juez brillaba en lo alto en un cuarto menguante que asimilaba la risa de un demente, cerca de la calle el aroma del pan caliente traía a mi mente recuerdos de viejos tiempos, partes de mi vida a las que reusaba regresar. Corrí a lo largo de la calle sin más pertenecía que mi cuerpo y media alma, pues la mitad de ella era ya tributo de un ritual pagano. Atrás en la oscuridad alguien gritaba suplicante mi nombre, una voz embriagadora que conjuraba a la parte de mi alma que aun poseía, pero que me negaba a dejarle. Esta vez no me detuve, perdí tiempo en aquel lugar, no, no solo tiempo, quizá más de lo que podría acordarme. La luna seguía sonriente le deleitaba ser mi cómplice, y a mi me encantaba la idea de no viajar solo.
La casa hermosa, los jardines fragantes, la cocina de humo, los pastos frescos y podados, mi hermosa prisión, mis encantadores celadores, que será de ellos, ahora que no escribo su locuras ahora que no les entretengo, ahora que ellos están solos, ahora que no les doy trozos de mi alma para saciar a su dioses extranjeros que viven cerca de su locura.
No era la locura la que les estropeaba la vida, era esa parte cuerda que vivía en mi lo que les causaba estragos, la que los emborrachaba y convertía en verdaderos dementes.
La casa hermosa, los jardines fragantes, la cocina de humo, los pastos frescos y podados, mi hermosa prisión, mis encantadores celadores, que será de ellos, ahora que no escribo su locuras ahora que no les entretengo, ahora que ellos están solos, ahora que no les doy trozos de mi alma para saciar a su dioses extranjeros que viven cerca de su locura.
No era la locura la que les estropeaba la vida, era esa parte cuerda que vivía en mi lo que les causaba estragos, la que los emborrachaba y convertía en verdaderos dementes.