LOS AMANTES
En su sarcófago o joyel con fuego de pasión labrado
los amantes protegen con teselas de oro y besos
-cáliz profuso de los néctares deleitados-
ese amor suyo que quieren inagotable.
Su carne unida en el placer es ahora hálito o ave,
las caricias desde sus almas doradas
convocan concéntricos cielos,
túmulos gozosos, vuelos de ángeles.
Ellos crean nuevas eternidades, los amantes.
Desde el rumor de agua o latidos
que es el murmullo de sus caricias calladas
van cediendo sus ardores como en un atardecer sin noche.
Guardan las raíces preñadas de los nuevos vinos
y el genesíaco poder de la piel acariciada,
alimento son del fuego que mantiene al atanor
latiendo para el carnal holocausto.
Pero ahora sólo son joya y silencio, amor que plácido yace,
el uno dentro del otro, las manos enlazadas,
en morosa delectación de espléndidos renaceres,
los ojos celando ese su mundo nuevo, los amantes.
En su sarcófago o joyel con fuego de pasión labrado
los amantes protegen con teselas de oro y besos
-cáliz profuso de los néctares deleitados-
ese amor suyo que quieren inagotable.
Su carne unida en el placer es ahora hálito o ave,
las caricias desde sus almas doradas
convocan concéntricos cielos,
túmulos gozosos, vuelos de ángeles.
Ellos crean nuevas eternidades, los amantes.
Desde el rumor de agua o latidos
que es el murmullo de sus caricias calladas
van cediendo sus ardores como en un atardecer sin noche.
Guardan las raíces preñadas de los nuevos vinos
y el genesíaco poder de la piel acariciada,
alimento son del fuego que mantiene al atanor
latiendo para el carnal holocausto.
Pero ahora sólo son joya y silencio, amor que plácido yace,
el uno dentro del otro, las manos enlazadas,
en morosa delectación de espléndidos renaceres,
los ojos celando ese su mundo nuevo, los amantes.
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