Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando se van los amantes,
queda de ellos el eco en las cámaras
que un día fueron testigos de su amor.
Se han prendido en sus paredes
las risas, el placer, el dolor
y permanecen en silencio,
tal vez esperando de nuevo la pasión.
Cuando se va quien quieres,
se vacía el corazón.
Las manos, antes llenas,
vacías las contemplas hoy.
Y ese hueco que queda,
profundo como un hondón,
no eres capaz a llenarlo con nada,
ni siquiera con el perdón.
Permanecen en mi pecho
los aromas que dejaste en mi
y las palabras, como fragancia,
me hablan siempre de ti.
Ciegan mis ojos entrecerrados
mil imágenes tuyas, mil.
Ha pasado el tiempo
y en mi memoria he encontrado
unos besos que, hace tiempo,
mi boca te ha robado.
Hoy que mi tiempo está cercano
y pesa en mi alma la falta,
quisiera hallar tus labios
para limpiar el pecado
al, los besos robados, entregar.
queda de ellos el eco en las cámaras
que un día fueron testigos de su amor.
Se han prendido en sus paredes
las risas, el placer, el dolor
y permanecen en silencio,
tal vez esperando de nuevo la pasión.
Cuando se va quien quieres,
se vacía el corazón.
Las manos, antes llenas,
vacías las contemplas hoy.
Y ese hueco que queda,
profundo como un hondón,
no eres capaz a llenarlo con nada,
ni siquiera con el perdón.
Permanecen en mi pecho
los aromas que dejaste en mi
y las palabras, como fragancia,
me hablan siempre de ti.
Ciegan mis ojos entrecerrados
mil imágenes tuyas, mil.
Ha pasado el tiempo
y en mi memoria he encontrado
unos besos que, hace tiempo,
mi boca te ha robado.
Hoy que mi tiempo está cercano
y pesa en mi alma la falta,
quisiera hallar tus labios
para limpiar el pecado
al, los besos robados, entregar.
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