Los buquis de Batopilas
Como todos los buquis de Batopilas, anduve descalza por la plaza, y como todos los buquis de Batopilas cruce por el zaguán de alguna casa. Pero mi gran pasión, darme un chapuzón bajo el chorro de agua del techo de una casa, después de un aguazón.
Los Buquis de Batopilas no saben discriminar por raza o riqueza ,tienen los mismos juegos. Correr descalzos, y vencer el río crecido.
A muchos buquis de Batopilas nos salieron alas y dejamos nuestro nido .El tiempo transcurrió y desparramados por el mundo, ya crecidos ,tenemos coincidencias en nuestros recuerdos que evocan nuestros sentidos;
Las tardes nadando en el río, la tambora anunciando el baile en la plaza.
Los mangos verdes en nuestro paladar, los naranjos de amor adornando las casas,
El huerto de Genoveva y Andrés, las Manjarrez en su tienda,
El padre Gallejos en charlas con Don Samuel. El pan de levadura recién hecho.
Las mujeres en las tardes contando leyendas, mientras los buquis, ya de noche siguiendo el vuelo de las luciérnagas y murciélagos.
Los buquis de Batopilas cuando nos encontramos ya adultos , no podemos ocultar que llevamos prendida en el alma a nuestra Tierra, y evocamos aquel juego de palabras
Bato…, bato… pero no pinole…, pilas… pilas… pero no de mar…
Rosalinda Manjarrez Loya.
Como todos los buquis de Batopilas, anduve descalza por la plaza, y como todos los buquis de Batopilas cruce por el zaguán de alguna casa. Pero mi gran pasión, darme un chapuzón bajo el chorro de agua del techo de una casa, después de un aguazón.
Los Buquis de Batopilas no saben discriminar por raza o riqueza ,tienen los mismos juegos. Correr descalzos, y vencer el río crecido.
A muchos buquis de Batopilas nos salieron alas y dejamos nuestro nido .El tiempo transcurrió y desparramados por el mundo, ya crecidos ,tenemos coincidencias en nuestros recuerdos que evocan nuestros sentidos;
Las tardes nadando en el río, la tambora anunciando el baile en la plaza.
Los mangos verdes en nuestro paladar, los naranjos de amor adornando las casas,
El huerto de Genoveva y Andrés, las Manjarrez en su tienda,
El padre Gallejos en charlas con Don Samuel. El pan de levadura recién hecho.
Las mujeres en las tardes contando leyendas, mientras los buquis, ya de noche siguiendo el vuelo de las luciérnagas y murciélagos.
Los buquis de Batopilas cuando nos encontramos ya adultos , no podemos ocultar que llevamos prendida en el alma a nuestra Tierra, y evocamos aquel juego de palabras
Bato…, bato… pero no pinole…, pilas… pilas… pero no de mar…
Rosalinda Manjarrez Loya.
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