Me fascina atravesar el halo de misterios
que fecunda tu respiro,
porque en trance invulnerable
recibo un aguacero de destellos infinitos
Partes en que me detengo, cuando esa especie de sinceridad naciente en el silencio torna las letras algo más que poesía y parecen paños con que se confiesa lacerante en su gemido la piel herida. Me encantan los versos que desnudan, no ya el alma, sino el cuerpo, el semblante, y aquello que otorga la mirada al aire circundante, al aliento de la naturaleza cuando regresa con su otoño decadente, y los labios callados al panorama que no termina de inmutarse ni al atravesar el angosto pasaje de un alfiler por donde respira ese cuerpo que vagamente vive mientras escribe esta poesía, tanto como lo es el suyo propio de quien se oxigena por él tras leer el poema.
trazan el itinerario perfecto
para eternamente hallarnos
¿existen estos itinerarios? Tal vez tan exiguos como esa pasarela entre labio y labio por donde respiro.
Un abrazo para ti con mucho cariño, Nancy, y encantado de leerte.