Los cercos del cerebro

Oona

Poeta recién llegado
En cada pliegue y cada callo del cerebro habitan laberintos,
tinieblas hay en lo bello
y bestias hay en la oscuridad de su mar profundo,
pero el cerebro se protege con sus cercos,
y no siempre puedes brincarte el cerco,
a veces te quedas atrapado en lugares horribles,
y no te queda más remedio que adaptarte,
y no es cosa buena adaptarte a lo perverso.
De pronto te crecen garras y colmillos
y pelo en todas partes para cubrirte,
la piel se te hace gruesa
y terminas siendo una cosa tan monstruosa,
que no puedes ni tu mismo reconocerte,
y maldices a la gente mala por lastimarte,
pero te conviertes precisamente en lo que más has odiado.
He ahí el instante donde te das cuenta que ahora debes afeitarte y limarte las uñas y colmillos,
para volver a ser lo que eres
y no en lo que te convertiste para poder sobrevivir.
 
En cada pliegue y cada callo del cerebro habitan laberintos,
tinieblas hay en lo bello
y bestias hay en la oscuridad de su mar profundo,
pero el cerebro se protege con sus cercos,
y no siempre puedes brincarte el cerco,
a veces te quedas atrapado en lugares horribles,
y no te queda más remedio que adaptarte,
y no es cosa buena adaptarte a lo perverso.
De pronto te crecen garras y colmillos
y pelo en todas partes para cubrirte,
la piel se te hace gruesa
y terminas siendo una cosa tan monstruosa,
que no puedes ni tu mismo reconocerte,
y maldices a la gente mala por lastimarte,
pero te conviertes precisamente en lo que más has odiado.
He ahí el instante donde te das cuenta que ahora debes afeitarte y limarte las uñas y colmillos,
para volver a ser lo que eres
y no en lo que te convertiste para poder sobrevivir.
La licantropía me visita a menudo, te entiendo perfectamente.
Felicitaciones
 

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