Los días que parecen domingo

Álex Hernández

Poeta recién llegado
Era martes y afuera
seguía lloviendo,
como si le hubiesen
roto el corazón
al cielo.

Toda la gente
iba tomada del meñique
izquierdo,
bebiendo la nostalgia
del domingo en
martes.


Yo desnudaba
el extremo de tu espalda
con la cremallera de bajo
del anillo de tu ombligo,
bebiéndome los sábados,
acurrucándome en el
miércoles,
y fumándome los lunes.


Los días seguían pasando.
Y el cielo lloraba tanto
que al dormir me dabas
la espalda.


Y el silencio
era el único ruido.
La última mariposa
del vomito del amor.


La gente seguía corriendo
con las manos sueltas
-y a la vez- atadas,
para que la lluvia no se
colara entre los huecos.


En Marzo
las maletas fueron
empacando
todos nuestros Martes
llenándolos de domingos.


En Abril
dejaste de tocar a mi puerta:
en Mayo la gente dejó de ocultarse
de la lluvia. Y para cuando llegó
Agosto,
el cielo
se había acostumbrado a la herida.


Me quedo la magia
de la endorfina,
la hemorragia
de una libertad
que no quería.
Las huellas de los martes,
las sabanas de los
sábados,
y la nostalgia del domingo.

— Álex Hernández
 
Era martes y afuera
seguía lloviendo,
como si le hubiesen
roto el corazón
al cielo.

Toda la gente
iba tomada del meñique
izquierdo,
bebiendo la nostalgia
del domingo en
martes.


Yo desnudaba
el extremo de tu espalda
con la cremallera de bajo
del anillo de tu ombligo,
bebiéndome los sábados,
acurrucándome en el
miércoles,
y fumándome los lunes.


Los días seguían pasando.
Y el cielo lloraba tanto
que al dormir me dabas
la espalda.


Y el silencio
era el único ruido.
La última mariposa
del vomito del amor.


La gente seguía corriendo
con las manos sueltas
-y a la vez- atadas,
para que la lluvia no se
colara entre los huecos.


En Marzo
las maletas fueron
empacando
todos nuestros Martes
llenándolos de domingos.


En Abril
dejaste de tocar a mi puerta:
en Mayo la gente dejó de ocultarse
de la lluvia. Y para cuando llegó
Agosto,
el cielo
se había acostumbrado a la herida.


Me quedo la magia
de la endorfina,
la hemorragia
de una libertad
que no quería.
Las huellas de los martes,
las sabanas de los
sábados,
y la nostalgia del domingo.
elegía para un fin de semana de solo añoranza... buen poema..

saludos
 
Era martes y afuera
seguía lloviendo,
como si le hubiesen
roto el corazón
al cielo.

Toda la gente
iba tomada del meñique
izquierdo,
bebiendo la nostalgia
del domingo en
martes.


Yo desnudaba
el extremo de tu espalda
con la cremallera de bajo
del anillo de tu ombligo,
bebiéndome los sábados,
acurrucándome en el
miércoles,
y fumándome los lunes.


Los días seguían pasando.
Y el cielo lloraba tanto
que al dormir me dabas
la espalda.


Y el silencio
era el único ruido.
La última mariposa
del vomito del amor.


La gente seguía corriendo
con las manos sueltas
-y a la vez- atadas,
para que la lluvia no se
colara entre los huecos.


En Marzo
las maletas fueron
empacando
todos nuestros Martes
llenándolos de domingos.


En Abril
dejaste de tocar a mi puerta:
en Mayo la gente dejó de ocultarse
de la lluvia. Y para cuando llegó
Agosto,
el cielo
se había acostumbrado a la herida.


Me quedo la magia
de la endorfina,
la hemorragia
de una libertad
que no quería.
Las huellas de los martes,
las sabanas de los
sábados,
y la nostalgia del domingo.

— Álex Hernández
Un recorrido temporal donde el instrumento de los
sentimientos tristes son como una vacio de recuerdos
entre formas que llevan a la armonia de una nostalgia
abierta.
felicidades por la originalidad de una obra repleta de
sinceridad plena.
saludos. excelente luzyabsenta
 
Los rasgos de los días parecen acentuar el torbellino de tu alma herida y el resultado es un gran poema que recoge la muerte prematura de ese amor. Bella lectura. Saludos cordiales.


Era martes y afuera
seguía lloviendo,
como si le hubiesen
roto el corazón
al cielo.

Toda la gente
iba tomada del meñique
izquierdo,
bebiendo la nostalgia
del domingo en
martes.


Yo desnudaba
el extremo de tu espalda
con la cremallera de bajo
del anillo de tu ombligo,
bebiéndome los sábados,
acurrucándome en el
miércoles,
y fumándome los lunes.


Los días seguían pasando.
Y el cielo lloraba tanto
que al dormir me dabas
la espalda.


Y el silencio
era el único ruido.
La última mariposa
del vomito del amor.


La gente seguía corriendo
con las manos sueltas
-y a la vez- atadas,
para que la lluvia no se
colara entre los huecos.


En Marzo
las maletas fueron
empacando
todos nuestros Martes
llenándolos de domingos.


En Abril
dejaste de tocar a mi puerta:
en Mayo la gente dejó de ocultarse
de la lluvia. Y para cuando llegó
Agosto,
el cielo
se había acostumbrado a la herida.


Me quedo la magia
de la endorfina,
la hemorragia
de una libertad
que no quería.
Las huellas de los martes,
las sabanas de los
sábados,
y la nostalgia del domingo.

— Álex Hernández
 
Un planeamiento diferente de la nostalgIa por un historia que se fué desdibujando en el transitar del tiempo. Original tu decir. Saludos cordiales y lo mejor siempre para tu vida. Hasta luego.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba