LOS GATOS DE MI ASUNCION
Una cosa he de contar
que a los vecinos asombra,
cada vez que aquí llegamos
hay dos gatos que se asoman,
bajan corriendo del cerro
para que mi Asun,mimosa,
los acaricie y les dé,
de comida, alguna sobra.
Esta historia comenzó
hace dos años ahora,
unos gatitos mayando,
como unos crios que lloran,
allá en el cerro del frente,
encontróse mi señora.
Dióles sopitas de leche
hablandoles cariñosa,
los gatitos no se acercan,
prefieren quedarse a solas
pero la leche, impacientes,
enseguida se la toman.
Al cabo de varios días
se acercan al ver la sopa
y poco a poco,mi Asun
los amansa y amistosa
a lo largo de ese mes
esa relación se torna.
que a los vecinos asombra,
cada vez que aquí llegamos
hay dos gatos que se asoman,
bajan corriendo del cerro
para que mi Asun,mimosa,
los acaricie y les dé,
de comida, alguna sobra.
Esta historia comenzó
hace dos años ahora,
unos gatitos mayando,
como unos crios que lloran,
allá en el cerro del frente,
encontróse mi señora.
Dióles sopitas de leche
hablandoles cariñosa,
los gatitos no se acercan,
prefieren quedarse a solas
pero la leche, impacientes,
enseguida se la toman.
Al cabo de varios días
se acercan al ver la sopa
y poco a poco,mi Asun
los amansa y amistosa
a lo largo de ese mes
esa relación se torna.
Cada vez que vuelve al pueblo
se acerca al cerro y los llama
y tardando mas o menos
acuden a quién reclama
con insistencia que vengan
a por su comida y agua.
Más o menos hace un año
se acercaron a la casa,
uno de ellos,el negro,
mas atrevido ya osaba
entrar y subir arriba,
mas cogerlo no dejaba,
una vez que me acerqué
saltó desde la ventana.
así siguieron las cosas,
ya venían sin llamada,
cuando oían nuestro coche
por la calleja asomaban.
Ahora ya, los muy tunantes,
han cogido confianza,
se sientan en nuestra puerta,
se introducen en la casa
se frotan a nuestras piernas
y su comida reclaman
sobre todo por la noche,
y a veces muy de mañana,
en cuanto oyen el ruido
de subirse las persianas
se suben al escalon,
la puerta miran con ganas
y si se tarda en abrirles,
maullan llamando al ama.
Durmiendo muy tranquilitos
casi todo el día pasan,
el blanquigris su sofá,
el negro se va a las camas.
Comen su pienso y su leche,
que frotándose reclaman,
con ronroneos,caricias,
delicados dan las gracias.
Al llegar la anochecida
se estiran,salen de casa
pues ya saben que la noche
no deben allí pasarla..
Ya era costumbre verlos,
esperar nuestra llegada,
disfrutando de esos días
que pasamos en Tobarra,
pero este año acabó
esta relación ya larga,
algun vecino envidioso
o molesto les dió caña
y murieron los gatitos
por envenenada trampa.
Eran gatos de la calle,
no eran nuestros para nada
pero les dimos confianza,
amaron la raza humana,
sin saber que hay desgraciados
que reniegan de su raza.
se acerca al cerro y los llama
y tardando mas o menos
acuden a quién reclama
con insistencia que vengan
a por su comida y agua.
Más o menos hace un año
se acercaron a la casa,
uno de ellos,el negro,
mas atrevido ya osaba
entrar y subir arriba,
mas cogerlo no dejaba,
una vez que me acerqué
saltó desde la ventana.
así siguieron las cosas,
ya venían sin llamada,
cuando oían nuestro coche
por la calleja asomaban.
Ahora ya, los muy tunantes,
han cogido confianza,
se sientan en nuestra puerta,
se introducen en la casa
se frotan a nuestras piernas
y su comida reclaman
sobre todo por la noche,
y a veces muy de mañana,
en cuanto oyen el ruido
de subirse las persianas
se suben al escalon,
la puerta miran con ganas
y si se tarda en abrirles,
maullan llamando al ama.
Durmiendo muy tranquilitos
casi todo el día pasan,
el blanquigris su sofá,
el negro se va a las camas.
Comen su pienso y su leche,
que frotándose reclaman,
con ronroneos,caricias,
delicados dan las gracias.
Al llegar la anochecida
se estiran,salen de casa
pues ya saben que la noche
no deben allí pasarla..
Ya era costumbre verlos,
esperar nuestra llegada,
disfrutando de esos días
que pasamos en Tobarra,
pero este año acabó
esta relación ya larga,
algun vecino envidioso
o molesto les dió caña
y murieron los gatitos
por envenenada trampa.
Eran gatos de la calle,
no eran nuestros para nada
pero les dimos confianza,
amaron la raza humana,
sin saber que hay desgraciados
que reniegan de su raza.
Esta es una historia cierta,
os la cuenta mi guitarra.
os la cuenta mi guitarra.
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