tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
El vuelo asesino de los imaginarios se sale de eje y la pasión lo arrastra todo.
En la medida ávida y letal de lo exorcizado bajo la lluvia sangrienta tras la cerca.
Una de las pocas implegarias y la suma de unos sabores trágicos han atravesado la tumultuosidad disconforme del displacer, que aún hoy vive entre nubes y orquídeas mágicas.
Trozos de negra electricidad y tiesa melancolía, abrazados tal vez envueltos frecuentemente a una cronicidad emotiva y corriente, que se ha generado en tiempos de hiel y ortiga.
Atenuando decisiones metafísicas, disimulando la opacidad que por momentos lo cubre todo.
Cuentos eléctricos de su piel por las noches.
Detrás de lo repentinamente afásico, juegan la muerte y el silencio depurando contrastes absolutos de esta soledad extrema.
Tus duendes carnívoros comerán la sombra de tus sueños.
Comulgando a través de un mundo surreal que nunca llega.
Catacúmbico y despedazado el cuerpo perturba la quietud en la infelicidad geometrizada en una misma noche.
Entiendo el guarecer de las sombras invisibles que bailan sometidas la danza del dolor.
La nada arrojó su infierno al vacío.
Dentro de su vientre siento el parpadear pueril de mis viajes negros ya extintos.
Atrayendo antiguas noctugrafías y formulas insanas que nacieran en la soledad de los tiempos escépticos.
En la medida ávida y letal de lo exorcizado bajo la lluvia sangrienta tras la cerca.
Una de las pocas implegarias y la suma de unos sabores trágicos han atravesado la tumultuosidad disconforme del displacer, que aún hoy vive entre nubes y orquídeas mágicas.
Trozos de negra electricidad y tiesa melancolía, abrazados tal vez envueltos frecuentemente a una cronicidad emotiva y corriente, que se ha generado en tiempos de hiel y ortiga.
Atenuando decisiones metafísicas, disimulando la opacidad que por momentos lo cubre todo.
Cuentos eléctricos de su piel por las noches.
Detrás de lo repentinamente afásico, juegan la muerte y el silencio depurando contrastes absolutos de esta soledad extrema.
Tus duendes carnívoros comerán la sombra de tus sueños.
Comulgando a través de un mundo surreal que nunca llega.
Catacúmbico y despedazado el cuerpo perturba la quietud en la infelicidad geometrizada en una misma noche.
Entiendo el guarecer de las sombras invisibles que bailan sometidas la danza del dolor.
La nada arrojó su infierno al vacío.
Dentro de su vientre siento el parpadear pueril de mis viajes negros ya extintos.
Atrayendo antiguas noctugrafías y formulas insanas que nacieran en la soledad de los tiempos escépticos.