carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
E' espérance, toute trompouse qu'elle est,
sert au moins á nous mener á la fin de la vie
par un chemin agréable: R. A. Rochefoucald
1. El quejoso
¡Ay! ¿De dónde es que llega esta tristeza,
esta amargura, este tedio? ¡Ay, si yo no lo merezco!
¿Quién se inventó esa boca que con muecas me paga?
¿Esos ojos que con odio me miran?
¡Ay! ¿Quién es el que paga con premura
y se viste de olvido para ignorarme siempre?
Tú, tú que das tan poco, pero pides tanto,
Tú, dios de mis rodillas peladas en lamento.
¡Yo merezco más! ¡Es tan poco lo que tengo!
El mañana se hace largo; el hoy de mis quehaceres
es escaso. Del pasado al presente, mi gozo
se ha esquilmado. ¡Ay! ladrones me roban,
sorbo a sorbo, y yo en cuita, vigilante.
¡Ay! ¿Cuál es el destino, de dónde viene él,
enojado y turbio, con manos para asfixiarme,
afanoso él que despoja mi precario sustento?
Más vergüenza es a mis días sin descanso.
2. La respuesta
«¿Habla usted de mí? ¿De quién se queja,
merecedor del Ay, buscador de lo mismo?
¿Aún no sabe por qué es tan malagradecido?»
«Ya le dieron suyo, ¿qué más pide?
Usted ya cosechó. Lástima le tiene el mundo.
¡Y lástima usted mismo! Usted vive del Ay
(que es la inicial penuria). Lo llama y viene».
«Usted tiene exactamente lo que pide».
Ha pedido el «Ay de mí» todos los días.
Y no se cansa. Y han venido los años
con el Ay de su boca y con el Ay
se la ha dado su salario, jornalero.
Y el Caminante, con paso furtivo, sigiloso,
examinándolo enteramente, sigue flechándolo
en sus ojos, ventanas de su alma.
Agregó: «A la esperanza hizo
el asco de sus dudas. Del pan del pobre,
horneó su mendrugo; año a año,
a su vejez rebajó la alegría, el placer
y la esperanza, ¿qué es lo llama usted
entonces el merecimiento?
¡Cosechó ya!
Tiene lo que ha pedido, limosna
y jornal de Ay, exactamente.
3-12-2001 / De «El hombre extendido»
Originalmente, «El pordiosero» (11).
sert au moins á nous mener á la fin de la vie
par un chemin agréable: R. A. Rochefoucald
1. El quejoso
¡Ay! ¿De dónde es que llega esta tristeza,
esta amargura, este tedio? ¡Ay, si yo no lo merezco!
¿Quién se inventó esa boca que con muecas me paga?
¿Esos ojos que con odio me miran?
¡Ay! ¿Quién es el que paga con premura
y se viste de olvido para ignorarme siempre?
Tú, tú que das tan poco, pero pides tanto,
Tú, dios de mis rodillas peladas en lamento.
¡Yo merezco más! ¡Es tan poco lo que tengo!
El mañana se hace largo; el hoy de mis quehaceres
es escaso. Del pasado al presente, mi gozo
se ha esquilmado. ¡Ay! ladrones me roban,
sorbo a sorbo, y yo en cuita, vigilante.
¡Ay! ¿Cuál es el destino, de dónde viene él,
enojado y turbio, con manos para asfixiarme,
afanoso él que despoja mi precario sustento?
Más vergüenza es a mis días sin descanso.
2. La respuesta
«¿Habla usted de mí? ¿De quién se queja,
merecedor del Ay, buscador de lo mismo?
¿Aún no sabe por qué es tan malagradecido?»
«Ya le dieron suyo, ¿qué más pide?
Usted ya cosechó. Lástima le tiene el mundo.
¡Y lástima usted mismo! Usted vive del Ay
(que es la inicial penuria). Lo llama y viene».
«Usted tiene exactamente lo que pide».
Ha pedido el «Ay de mí» todos los días.
Y no se cansa. Y han venido los años
con el Ay de su boca y con el Ay
se la ha dado su salario, jornalero.
Y el Caminante, con paso furtivo, sigiloso,
examinándolo enteramente, sigue flechándolo
en sus ojos, ventanas de su alma.
Agregó: «A la esperanza hizo
el asco de sus dudas. Del pan del pobre,
horneó su mendrugo; año a año,
a su vejez rebajó la alegría, el placer
y la esperanza, ¿qué es lo llama usted
entonces el merecimiento?
¡Cosechó ya!
Tiene lo que ha pedido, limosna
y jornal de Ay, exactamente.
3-12-2001 / De «El hombre extendido»
Originalmente, «El pordiosero» (11).