Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Los juegos de Dios
Me asaltan los ojos perpetuos
mostrando su iris de plomo,
ahogado en el mar, en dos palmos
de océanos negros hambrientos.
Al cabo y al golfo muriendo
cargado de sombra y de sangre,
gitano de pies, de manos sin padre,
me escondo en el mundo del mundo,
recorro abismos de pobre señal.
¿Quién domina al muñeco?,
¿quién le abre la boca?;
¿quién destripa a la madre?
¿Quién enciende la antorcha
de humanos que alumbran?
Los juegos de dios suceden difusos,
y ceden poderes, seducen con sal
bajo el arco del místico sol.
Babilónicos monstruos,
bacanales de oro,
en panteones robados
de los césares fluyo
y en volcanes me apoyo.
Lo divino no entuba estrellas
ni contiene la envidia brillante,
ni el odio de palparte blando
ni el dedo de quien echa el guante.
Me asaltan los ojos perpetuos
mostrando su iris de plomo,
ahogado en el mar, en dos palmos
de océanos negros hambrientos.
Al cabo y al golfo muriendo
cargado de sombra y de sangre,
gitano de pies, de manos sin padre,
me escondo en el mundo del mundo,
recorro abismos de pobre señal.
¿Quién domina al muñeco?,
¿quién le abre la boca?;
¿quién destripa a la madre?
¿Quién enciende la antorcha
de humanos que alumbran?
Los juegos de dios suceden difusos,
y ceden poderes, seducen con sal
bajo el arco del místico sol.
Babilónicos monstruos,
bacanales de oro,
en panteones robados
de los césares fluyo
y en volcanes me apoyo.
Lo divino no entuba estrellas
ni contiene la envidia brillante,
ni el odio de palparte blando
ni el dedo de quien echa el guante.
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