Fingal
Poeta adicto al portal
Pensando, entre otros asuntos, en los malabaristas del semáforo, llegando por la A6 a Moncloa
Conviertes el asfalto en escenario,
el rojo del semáforo en promesa,
tu piel y tus remiendos en vestido
y cada dos minutos tu futuro
de coches impacientes y tu sueño
son lo mismo: tu negro pan, artista.
Sobrevivir; sobrevivir artista,
jornalero y peón del escenario;
lloras y limpias cada noche el sueño,
la farsa y un resquicio de promesa.
No cabe en cuatro euros un futuro,
no caben más inviernos sin vestido.
Pero mirad el vuelo del vestido,
mirad todos: aquí yace un artista,
yace ajeno al pasado y al futuro,
yace con el poder del escenario,
los ojos que comparten la promesa
de todo, la sonrisa alzada al sueño.
Porque eres carne y sueño; carne y sueño
que anima el maquillaje y el vestido;
eres talento, luz, glamour, promesa,
pero ante todo eres El Artista
y cada vez que tocas tu escenario
salvas lo más humano del futuro.
Yo te quiero tener en mi futuro,
quiero porque te miro, aplaudo y sueño…
no sé, subir contigo al escenario,
besarte el personaje y, desvestido,
renacer en tu útero de artista,
respirar tu verdad y tu promesa.
Pero, al final, la única promesa
es la feroz carencia de futuro,
el saludo inclinado del artista,
la compraventa artificial del sueño,
la desnudez del último vestido.
El público abandona el escenario,
el escenario olvida su promesa
y en el vestido roto, sin futuro,
quedan el sueño, el hambre y el artista.
Álvaro del Prado
9 de febrero de 2017
© Todos los derechos reservados
Conviertes el asfalto en escenario,
el rojo del semáforo en promesa,
tu piel y tus remiendos en vestido
y cada dos minutos tu futuro
de coches impacientes y tu sueño
son lo mismo: tu negro pan, artista.
Sobrevivir; sobrevivir artista,
jornalero y peón del escenario;
lloras y limpias cada noche el sueño,
la farsa y un resquicio de promesa.
No cabe en cuatro euros un futuro,
no caben más inviernos sin vestido.
Pero mirad el vuelo del vestido,
mirad todos: aquí yace un artista,
yace ajeno al pasado y al futuro,
yace con el poder del escenario,
los ojos que comparten la promesa
de todo, la sonrisa alzada al sueño.
Porque eres carne y sueño; carne y sueño
que anima el maquillaje y el vestido;
eres talento, luz, glamour, promesa,
pero ante todo eres El Artista
y cada vez que tocas tu escenario
salvas lo más humano del futuro.
Yo te quiero tener en mi futuro,
quiero porque te miro, aplaudo y sueño…
no sé, subir contigo al escenario,
besarte el personaje y, desvestido,
renacer en tu útero de artista,
respirar tu verdad y tu promesa.
Pero, al final, la única promesa
es la feroz carencia de futuro,
el saludo inclinado del artista,
la compraventa artificial del sueño,
la desnudez del último vestido.
El público abandona el escenario,
el escenario olvida su promesa
y en el vestido roto, sin futuro,
quedan el sueño, el hambre y el artista.
Álvaro del Prado
9 de febrero de 2017
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