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Los niños de la guerra

danie

solo un pensamiento...
¿Por qué el río, a pesar de que correr, no lava las heridas
de la tierra, el altruismo y la vida?
¿Por qué el sol no puede ahuyentar a las sombras del pasado
y sus trincheras?
¿Por qué la luna se apagó en la terca oscuridad
de los estruendos de las esquirlas?
¿Por qué la noche los abrazó
vestida de santa patrona de la muerte?
¿Por qué fueron simple trebejos
en un juego de estirpes villanas,
una insensible estadística de bajas y mártires?

Y los gritos se hicieron brecha
entre las lápidas de borroneados nombres
y sueños de espectros,
y las estrellas torcieron la mirada
para no sentir miseria ajena,
y la mar se ahogó en la fría profundidad del océano
para dejar atrás todo ese rastro
de cenizas, sangre y desconcierto.

El sabor a plomo inundó todos los muelles,
las islas, los barcos, incluso los celestes cielos;
y los niños de la guerra quedaron lejos,
encallados dentro de las bombas y explosiones del tiempo.
Solamente las gaviotas que picotearon
las migajas de sus muertes
los acompañaron
en sus soledades infinitas de memoria, patria

e historia.

Pero, no todo está perdido; algunos regresaron
con un brazo o pierna amputada,
con un corazón agujereado por las balas,
con el semblante de una tumba
a la que no pudieron reconocer sus allegados.

No todo está perdido;
algunos encontraron el camino
detrás de las huellas de una batalla
que jugó al dominó con sus pequeños pasos de hazaña.

Regresaron a la nación de sus recuerdos
para seguir oyendo la voz de mando,
en sus incalculables noches de desvelo,
de un burócrata oficial que desde el Congreso

los mandó
como corderos
a las fauces del más próximo degolladero.
 
Es una triste realidad expuesta en tus maravillosos versos.
La injusticia del mundo.
Siempre existirá mientras existan los hombres.
La tiranía
La soberbia
La ambición del poder
Pertenece a los amos de este mundo
Su corazón es de piedra
Jamás sentirán compasión
Por las más inocentes criaturas...
 
¿Por qué el río, a pesar de que correr, no lava las heridas
de la tierra, el altruismo y la vida?
¿Por qué el sol no puede ahuyentar a las sombras del pasado
y sus trincheras?
¿Por qué la luna se apagó en la terca oscuridad
de los estruendos de las esquirlas?
¿Por qué la noche los abrazó
vestida de santa patrona de la muerte?
¿Por qué fueron simple trebejos
en un juego de estirpes villanas,
una insensible estadística de bajas y mártires?

Y los gritos se hicieron brecha
entre las lápidas de borroneados nombres
y sueños de espectros,
y las estrellas torcieron la mirada
para no sentir miseria ajena,
y la mar se ahogó en la fría profundidad del océano
para dejar atrás todo ese rastro
de cenizas, sangre y desconcierto.

El sabor a plomo inundó todos los muelles,
las islas, los barcos, incluso los celestes cielos;
y los niños de la guerra quedaron lejos,
encallados dentro de las bombas y explosiones del tiempo.
Solamente las gaviotas que picotearon
las migajas de sus muertes
los acompañaron
en sus soledades infinitas de memoria, patria

e historia.

Pero, no todo está perdido; algunos regresaron
con un brazo o pierna amputada,
con un corazón agujereado por las balas,
con el semblante de una tumba
a la que no pudieron reconocer sus allegados.

No todo está perdido;
algunos encontraron el camino
detrás de las huellas de una batalla
que jugó al dominó con sus pequeños pasos de hazaña.

Regresaron a la nación de sus recuerdos
para seguir oyendo la voz de mando,
en sus incalculables noches de desvelo,
de un burócrata oficial que desde el Congreso

los mandó
como corderos
a las fauces del más próximo degolladero.

NO COMMENT .
 

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