Los niños que no están

Álex Hernández

Poeta recién llegado
Caminábamos como si no estuviésemos perdidos
en la selva, y en mitad del camino
las sandalias frenaban al tiempo
y sonreí porque había hecho
aquello imposible.

Nadie lo hubiese creído antes,
pero de mi lengua nació
un te quiero y te quiero
pronto y todo fue claridad.

Por un momento, los semáforos
estaban en verde
y respire tierra
firme.

Al rededor, solo veía
a mil niños perdidos
que sonreían fuerte.

Y en la lejanía,
la gente
y los parques,
inmutables,
contemplan
al horizonte,
navegante
errante
de alquitrán
negro.

Eso era magia.

Y la vida, era un poco menos
que eso.
 

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