Aún tengo la fe en los ojos del lugar inacabado,
en el vértice del territorio
que da paso y poso a los años.
Todavía sostengo la esperanza
de atisbar en la vida
mis ensueños de ancestro.
El tiempo transcurre transformándolo todo
con luz incontrolable
para iluminar las estancias
inhabitables de los cuerpos.
Versos kilométricos pasan enroscando
las pupilas insomnes
dejando siluetas en noches como ésta.
Y es inevitable, sigo viéndote al cerrar los ojos
de la misma forma intacta.
Tu recuerdo descansa impoluto
en el cauce de mis manos
y se agarra fuerte
para no disolverse.
Ahora poco a poco el agua traspasa
para inundar las dudas para siempre
y germinar una nueva corriente
de soledad compartida.
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