Felipe Antonio Santorelli
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mis ojos se cierran, se horadan sus ojos
oscuros, silentes, serenos, dejados;
son cielos ocultos, caídos, cansados:
arcanos hallazgos cubiertos de abrojos
Son ruedas candentes trajeadas de enojos.
Se lanzan al ruedo totalmente armados
y dan la pelea también oxidados:
luceros que adornan faciales sonrojos.
Por eso me entrego ferviente; a sus ojos,
danzando pasiones que embisten semblantes
en sueños de ocaso, profundos, someros.
Por eso el deseo se postra de hinojos,
cayendo ante tantas mujeres amantes;
señoras vertidas cual albos veneros
oscuros, silentes, serenos, dejados;
son cielos ocultos, caídos, cansados:
arcanos hallazgos cubiertos de abrojos
Son ruedas candentes trajeadas de enojos.
Se lanzan al ruedo totalmente armados
y dan la pelea también oxidados:
luceros que adornan faciales sonrojos.
Por eso me entrego ferviente; a sus ojos,
danzando pasiones que embisten semblantes
en sueños de ocaso, profundos, someros.
Por eso el deseo se postra de hinojos,
cayendo ante tantas mujeres amantes;
señoras vertidas cual albos veneros