El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Si me sonríes,
tal vez tarde en entender.
Tengo los reflejos preparados para no ceder
de viajar en trenes atestados.
De contestar a preguntas en esquinas,
de mostrar papeles.
De ver carteras sujetas
y miradas desconfiadas.
Pero hay un duende adentro,
terminé tallándole la piel en madera.
Para que no se me rompiera
con tanto eco silencioso.
Cada tanto llora,
es que el musgo le mantiene los ojos vivos.
Aunque le cuesta transmitrlo,
desde allá al fondo
él te agradece.
Se siente único en el mundo,
no exclusivo,
más bien sólo.
Es que cada uno de nosotros lo lleva escondido.
Un duende todo de madera ciego,
a tientas, recto,
toca sentires.
Nos hace cosquillas en el pecho,
nos hace toser a veces.
Otras nos emociona,
y hasta nos deja mudos.
Es que él suele agradecer de maneras extrañas
y le cuesta transmitirlo.
Piensa que los otros
desde el otro lado de la piel,
no lo necesitan.
Los pesimistas son así de incorregibles,
pero todos tenemos algo de buenos.
Búscalos en medio de las tragedias
ellos ya estuvieron allí en sus simulacros.
Piensan que no los necesitamos,
por eso no alzan la voz.
Entonces escúchalos entre el ruido.
Ellos desinteresadamente dirán a donde.
Mira su dedo,
estarán señalando el lugar más alto
donde estaremos a salvo de las aguas.
Amigos.
Piensen hacia cada uno de sus naufragios,
entre todo lo que pasa,
que si esto no se destruyó todavía,
debe ser nomás por culpa nuestra.
tal vez tarde en entender.
Tengo los reflejos preparados para no ceder
de viajar en trenes atestados.
De contestar a preguntas en esquinas,
de mostrar papeles.
De ver carteras sujetas
y miradas desconfiadas.
Pero hay un duende adentro,
terminé tallándole la piel en madera.
Para que no se me rompiera
con tanto eco silencioso.
Cada tanto llora,
es que el musgo le mantiene los ojos vivos.
Aunque le cuesta transmitrlo,
desde allá al fondo
él te agradece.
Se siente único en el mundo,
no exclusivo,
más bien sólo.
Es que cada uno de nosotros lo lleva escondido.
Un duende todo de madera ciego,
a tientas, recto,
toca sentires.
Nos hace cosquillas en el pecho,
nos hace toser a veces.
Otras nos emociona,
y hasta nos deja mudos.
Es que él suele agradecer de maneras extrañas
y le cuesta transmitirlo.
Piensa que los otros
desde el otro lado de la piel,
no lo necesitan.
Los pesimistas son así de incorregibles,
pero todos tenemos algo de buenos.
Búscalos en medio de las tragedias
ellos ya estuvieron allí en sus simulacros.
Piensan que no los necesitamos,
por eso no alzan la voz.
Entonces escúchalos entre el ruido.
Ellos desinteresadamente dirán a donde.
Mira su dedo,
estarán señalando el lugar más alto
donde estaremos a salvo de las aguas.
Amigos.
Piensen hacia cada uno de sus naufragios,
entre todo lo que pasa,
que si esto no se destruyó todavía,
debe ser nomás por culpa nuestra.