Los Poemas Manchados

Juan Oriental

Poeta que considera el portal su segunda casa
(De mi época de bohemia y candidez).

Hoy escribo a mis poemas
noctámbulos y manchados:
Estrellas les pintó el vino
como gotas o chispazos
y en afán de darme rumbo,
un mapamundi el tabaco.
Torpe trazado de anhelos
sellado a culo de vaso,
por los hijos concebidos
a fin de legalizarlos.

Es que así me los encuentro
despierto de mi naufragio,
mientras espero buen viento
en la resaca encallado,
con el alma padeciendo
desguace de maremagno.
Pobrecito cada niño
de mis poemas manchados;
tabaco, vino y pesar
y sus versos enredados.

Los asisto como puedo:
Rebeldes, peino sus trazos,
desenredo su mensaje,
les abrocho lo sensato,
les acordono el sentido
y el motivo les desato,
y me miran con sus ojos
incrédulos del buen trato
como diciéndome: Padre,
sin querer nos ensuciamos.

Palpo sus caritas fieles,
y humildemente arropados
en tímidas hojas blancas
y a criterio mejorados
de filosófico temple,
los engaño, que son aptos.
¡Todo, valen para mí!
Lo digo altivo y a cargo,
aunque los echen del aula
del escrito inmaculado.

Y no abandono a ninguno;
siquiera al más descarriado:
Yo no consiento hijos míos,
parias ni desamparados,
así un pan sobre la mesa
sin vino me haya dejado.
Porque: serán mis poemas,
grises, malos y manchados,
pero mis hijos del alma...
y dependo de su abrazo.



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Última edición:
Juan, concebir estos "hijos" sin duda cuestan horas, ya sea, entre las farras o el humo de olorosos cigarrillos, lo cierto es que con desapego total y por más que algunos sean símbolos de rebeldía, ellos serán lo que quieran ser en la justa de sentimientos... Y coincido contigo al decir: ¡Cuánto dependemos de su abrazo!
Encantado de leerte mi amigo. Un fuerte abrazo.
 
(De mi época de bohemia y candidez).

Hoy escribo a mis poemas
noctámbulos y manchados:
Estrellas les pintó el vino
como gotas o chispazos
y en afán de darme rumbo,
un mapamundi el tabaco.
Torpe trazado de anhelos
sellado a culo de vaso,
por los hijos concebidos
a fin de legalizarlos.

Es que así me los encuentro
despierto de mi naufragio,
mientras espero buen viento
en la resaca encallado
con el alma padeciendo
desguace de maremagno.
Pobrecito cada niño
de mis poemas manchados;
tabaco, vino y pesar
y sus versos enredados.

Los asisto como puedo:
Rebeldes, peino sus trazos,
desenredo su mensaje,
les abrocho lo sensato,
les acordono el sentido
y el motivo les desato,
y me miran con sus ojos
incrédulos de buen trato
como diciéndome: Padre,
sin querer nos ensuciamos.

Palpo sus caritas fieles,
y humildemente arropados
en tímidas hojas blancas
y a criterio mejorados
de filosófico temple,
los engaño, que son aptos.
Todo, valen para mí,
lo digo altivo y a cargo,
aunque los echen del aula
del escrito inmaculado.

Y no abandono a ninguno;
siquiera al más descarriado:
Yo no consiento hijos míos,
parias ni desamparados
así un pan sobre la mesa
sin vino me haya dejado.
Porque: serán mis poemas,
grises, malos y manchados,
pero mis hijos del alma...
y dependo de su abrazo.



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Sin palabras amigo! Me has dejado sin palabras! El hermoso este sentimiento compartido de sentirlos poemas como hijos! Maravilloso! Un gran abrazo y felicitaciones! Gracias por compartir esto tan lindo
 
Juan, concebir estos "hijos" sin duda cuestan horas, ya sea, entre las farras o el humo de olorosos cigarrillos, lo cierto es que con desapego total y por más que algunos sean símbolos de rebeldía, ellos serán lo que quieran ser en la justa de sentimientos... Y coincido contigo al decir: ¡Cuánto dependemos de su abrazo!
Encantado de leerte mi amigo. Un fuerte abrazo.
Muy acertado comentario, amigo Luis y muy agradecido yo, por tu sensibilidad y atención. Saludo cordial y hasta siempre.
 
(De mi época de bohemia y candidez).

Hoy escribo a mis poemas
noctámbulos y manchados:
Estrellas les pintó el vino
como gotas o chispazos
y en afán de darme rumbo,
un mapamundi el tabaco.
Torpe trazado de anhelos
sellado a culo de vaso,
por los hijos concebidos
a fin de legalizarlos.

Es que así me los encuentro
despierto de mi naufragio,
mientras espero buen viento
en la resaca encallado,
con el alma padeciendo
desguace de maremagno.
Pobrecito cada niño
de mis poemas manchados;
tabaco, vino y pesar
y sus versos enredados.

Los asisto como puedo:
Rebeldes, peino sus trazos,
desenredo su mensaje,
les abrocho lo sensato,
les acordono el sentido
y el motivo les desato,
y me miran con sus ojos
incrédulos del buen trato
como diciéndome: Padre,
sin querer nos ensuciamos.

Palpo sus caritas fieles,
y humildemente arropados
en tímidas hojas blancas
y a criterio mejorados
de filosófico temple,
los engaño, que son aptos.
¡Todo, valen para mí!
Lo digo altivo y a cargo,
aunque los echen del aula
del escrito inmaculado.

Y no abandono a ninguno;
siquiera al más descarriado:
Yo no consiento hijos míos,
parias ni desamparados,
así un pan sobre la mesa
sin vino me haya dejado.
Porque: serán mis poemas,
grises, malos y manchados,
pero mis hijos del alma...
y dependo de su abrazo.



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Maravillosos versos, trazados con buen ritmo. Un placer leerte.
 

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