ASTRO_MUERTO
Poeta fiel al portal
LOS PROSCENIOS
Nunca podrán mancharme un solo dedo,
ni me lavarán el cerebro con sus aguas servidas,
para que les siga,
como el fanático a su ídolo,
como el niño a su héroe,
como el adolescente a su tribu,
ni me convencerán
de enarbolar la pereza: el descanso de mi juicio
sobre sus hombros espasmódicos
de tanto reírse de todos.
Allá afuera,
cientos de miles de almas
asisten a los pequeños ataúdes
donde entierran su única chance de romper la cadena.
Yo nunca asistiré a sus mataderos,
ni mi epitafio
será tan miserable como un trazo.
Allá ellos,
se darán espaldarazos tras bambalinas,
tomarán el té juntos,
frecuentarán sus hogares,
preguntarán por la familia,
mientras que en los proscenios apenas se advierte
que la política
no es más que el oficio de servirse a la gente.
Nunca podrán mancharme un solo dedo,
ni me lavarán el cerebro con sus aguas servidas,
para que les siga,
como el fanático a su ídolo,
como el niño a su héroe,
como el adolescente a su tribu,
ni me convencerán
de enarbolar la pereza: el descanso de mi juicio
sobre sus hombros espasmódicos
de tanto reírse de todos.
Allá afuera,
cientos de miles de almas
asisten a los pequeños ataúdes
donde entierran su única chance de romper la cadena.
Yo nunca asistiré a sus mataderos,
ni mi epitafio
será tan miserable como un trazo.
Allá ellos,
se darán espaldarazos tras bambalinas,
tomarán el té juntos,
frecuentarán sus hogares,
preguntarán por la familia,
mientras que en los proscenios apenas se advierte
que la política
no es más que el oficio de servirse a la gente.
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