Se dilatan y brillan
con luz propia
los ojos del mendigo,
cuando un conductor valiente
le ofrece una moneda.
Con el rotro pausado
y mirada plomiza
camina de un coche a otro
sin importar el rumbo.
Aveces, cansado se sienta
en un banco y,
de una mochila desaliniada
surge nuevamente la botella
de cristal oscuro.
Con cada nuevo trago
de un vino adulterado,
la mirada se le va dulcificando.
Derrotado por la emocion
el momento de un pasado mejor
se va apoderando de su mente...
y recuerda a magdalena
y el sabor de sus besos...
y el peso de su cuerpo
sobre brignas de trigo, ya vencidas...
y recuerda el atradecer dorado
de otras primaveras
ya tan lejanas,
vencidas al aire
con luz propia
los ojos del mendigo,
cuando un conductor valiente
le ofrece una moneda.
Con el rotro pausado
y mirada plomiza
camina de un coche a otro
sin importar el rumbo.
Aveces, cansado se sienta
en un banco y,
de una mochila desaliniada
surge nuevamente la botella
de cristal oscuro.
Con cada nuevo trago
de un vino adulterado,
la mirada se le va dulcificando.
Derrotado por la emocion
el momento de un pasado mejor
se va apoderando de su mente...
y recuerda a magdalena
y el sabor de sus besos...
y el peso de su cuerpo
sobre brignas de trigo, ya vencidas...
y recuerda el atradecer dorado
de otras primaveras
ya tan lejanas,
vencidas al aire