Manuel Meneses Jimenez
Poeta recién llegado
Hay Silencios en mi alma que de continuo me hablan de ti, lo sabes. Son Silencios que oigo a todas horas y son los que me hacen ver qué se siente y qué cuesta superar la distancia y éste a veces el tiempo imperfecto que todo lo intenta borrar, que insiste en ello pero que no puede. Es entonces que siento que me dices que tus miradas ahí tan lejos se pierden en la oscuridad de esa habitación solitaria sin mí, que sólo te queda mirar a esa puerta que un día me invitaste a traspasar y que desde entonces no he vuelto a salir de ahí, de ese tu espacio antes sagrado. Sí, hay Silencios que abrazan y los hay que llaman a gritos desde la lejanía, también los hay que esperan.
También me dijiste, anoche que los relojes nunca devuelven las horas, lo dijiste tú misma. Lo dijiste en ese instante en que también quisiste atrapar y sentir ese momento que a veces se nos escapa y que en otras ocasiones no llega. Yo te dije que no quiero que el tiempo me diga lo que quiero de ti; que quiero ser yo siempre el que te espere porque sé, lo sé, que siempre estás ahí, que siempre llegas aún salvando todas las dificultades que existen; sé que eres la primera que quieres acercarte y por eso anoche mientras te esperaba te imaginé caminando por la ribera derecha del río Urumea, te vi llegar apareciendo entre la niebla que hace presencia junto a los márgenes del río; allí te esperaba porque fuiste tú la que me enseñaste que los relojes no devuelven nunca las horas. Algún día ocurrirá que o bien aprenderás a dominar esta situación que tanto te cuesta o, mejor aún no hará falta que la domine; será entonces que habremos logrado lo que tanto buscamos. Por el momento sabemos que es verdad que los relojes no devuelven las horas y que de nosotros, de sólo nosotros, depende el tiempo del que podamos disfrutar.
Siempre estoy, siempre estás, siempre estamos a pesar de la distancia en horas...
Manuel, África
También me dijiste, anoche que los relojes nunca devuelven las horas, lo dijiste tú misma. Lo dijiste en ese instante en que también quisiste atrapar y sentir ese momento que a veces se nos escapa y que en otras ocasiones no llega. Yo te dije que no quiero que el tiempo me diga lo que quiero de ti; que quiero ser yo siempre el que te espere porque sé, lo sé, que siempre estás ahí, que siempre llegas aún salvando todas las dificultades que existen; sé que eres la primera que quieres acercarte y por eso anoche mientras te esperaba te imaginé caminando por la ribera derecha del río Urumea, te vi llegar apareciendo entre la niebla que hace presencia junto a los márgenes del río; allí te esperaba porque fuiste tú la que me enseñaste que los relojes no devuelven nunca las horas. Algún día ocurrirá que o bien aprenderás a dominar esta situación que tanto te cuesta o, mejor aún no hará falta que la domine; será entonces que habremos logrado lo que tanto buscamos. Por el momento sabemos que es verdad que los relojes no devuelven las horas y que de nosotros, de sólo nosotros, depende el tiempo del que podamos disfrutar.
Siempre estoy, siempre estás, siempre estamos a pesar de la distancia en horas...
Manuel, África