Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
llegó un viernes de albricias,
aleluyas y tibias lluvias que alistaban
sobre su piel de liza y primavera la
siembra de la semilla en el recuerdo,
un viernes, sin prisas, sin futuro,
con la cara de la media luna
desnudando de vez en cuando de las
nubes su verbo que mordí como carnada,
con su cuerpo delgado de acertijo que
comenzaba en el lunar de la mirada verde
enredadera y terminaba el crucigrama de su
alma que auguraba las partidas sin regresos,
llegó con truenos y premoniciones, con olor
al sexo presto a moldear los sueños, con
más ganas de dejar el ahora para luego y a los
viernes subsecuentes sin futuro ni semanas.
Due 05.10.19 en una noche en la que los recuerdos brincan sobre la verja de los prados en donde pastan las ovejas de los sueños.
aleluyas y tibias lluvias que alistaban
sobre su piel de liza y primavera la
siembra de la semilla en el recuerdo,
un viernes, sin prisas, sin futuro,
con la cara de la media luna
desnudando de vez en cuando de las
nubes su verbo que mordí como carnada,
con su cuerpo delgado de acertijo que
comenzaba en el lunar de la mirada verde
enredadera y terminaba el crucigrama de su
alma que auguraba las partidas sin regresos,
llegó con truenos y premoniciones, con olor
al sexo presto a moldear los sueños, con
más ganas de dejar el ahora para luego y a los
viernes subsecuentes sin futuro ni semanas.
Due 05.10.19 en una noche en la que los recuerdos brincan sobre la verja de los prados en donde pastan las ovejas de los sueños.
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