Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te quiero como quien toca el agua con la yema de los dedos, tanteando la temperatura antes de sumergirse. Te quiero en las cosas pequeñas: en el "buenos días" que cabe en la boca y en el "hasta mañana" que se cuela entre las sábanas. Los te quiero son un reguero de pasos en el pasillo, un eco suave, multiplicado, como gotas de lluvia sobre el techo.
Pero te amo... Ah, te amo de otra manera. Te amo como quien salta sin medir el abismo, con el vértigo tatuado en el pecho. Es un único salto, irrepetible, eterno. Te amo con todas las palabras que jamás dije, con los silencios que llenan las tardes y los domingos que se estiran hasta confundirse con el tiempo.
Los te quiero se desparraman como el sol en la ventana, tibios y constantes, una caricia perpetua. Te quiero en las tardes grises y en las risas que rompen los bordes de la rutina. Pero te amo... Te amo en el instante exacto donde el mundo se detiene, en la grieta de la realidad donde no existen relojes ni nombres.
Te quiero muchas veces al día, como quien respira, sin pensar, sin esfuerzo. Pero te amo solo una vez, y esa vez es siempre. Siempre en un domingo, siempre en una tarde. Siempre, como quien ha dejado de ser uno para ser nosotros.
Pero te amo... Ah, te amo de otra manera. Te amo como quien salta sin medir el abismo, con el vértigo tatuado en el pecho. Es un único salto, irrepetible, eterno. Te amo con todas las palabras que jamás dije, con los silencios que llenan las tardes y los domingos que se estiran hasta confundirse con el tiempo.
Los te quiero se desparraman como el sol en la ventana, tibios y constantes, una caricia perpetua. Te quiero en las tardes grises y en las risas que rompen los bordes de la rutina. Pero te amo... Te amo en el instante exacto donde el mundo se detiene, en la grieta de la realidad donde no existen relojes ni nombres.
Te quiero muchas veces al día, como quien respira, sin pensar, sin esfuerzo. Pero te amo solo una vez, y esa vez es siempre. Siempre en un domingo, siempre en una tarde. Siempre, como quien ha dejado de ser uno para ser nosotros.