Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Los topos
¡Los topos!, arteros animales de los subterráneos,
acertando cada paso bajo el acertijo adivinado.
Los topos nos miran desde abajo,
desde abajo de una superficie gelatinosa y protoplasmática.
Como un cuadriculado refulgente, de nudos e intersecciones rutilantes,
el amplio campo se extiende.
Desde abajo, vidrio de difícil percepción, se ve el mundo distinto,
extenuado e inútil.
¡Desde abajo, debajo de las plantas de nuestros pies!, el topo
nos mira; sabiéndonos plebeyos,
sabiéndose rey.
¡Y cuando mi contemplación sacude!;- la textura indolente, -este suelo huraño de rayos carmesí, ya casi no puedo negarme a percibir, sus pies apresurados,
recorriendo un mundo vedado de galerías y gusanos.
Ellos nos miran , siempre lo hacen, atisban desde un espacio ingrávido e imponderable
su cielo de siluetas y contornos tallados, en amarillo y negro,
colores de tercera dimensión.
¡Los topos!,
animales oscilantes en el péndulo de la alta atalaya.
¡Los topos!,
aluden siempre a la esencia, jamás a banales metáforas,
ni a las circunstancias
Los topos nos miran, siempre lo hacen.
Las siluetas edilicias y los matorrales.
¡Los topos!, arteros animales de los subterráneos,
acertando cada paso bajo el acertijo adivinado.
Los topos nos miran desde abajo,
desde abajo de una superficie gelatinosa y protoplasmática.
Como un cuadriculado refulgente, de nudos e intersecciones rutilantes,
el amplio campo se extiende.
Desde abajo, vidrio de difícil percepción, se ve el mundo distinto,
extenuado e inútil.
¡Desde abajo, debajo de las plantas de nuestros pies!, el topo
nos mira; sabiéndonos plebeyos,
sabiéndose rey.
¡Y cuando mi contemplación sacude!;- la textura indolente, -este suelo huraño de rayos carmesí, ya casi no puedo negarme a percibir, sus pies apresurados,
recorriendo un mundo vedado de galerías y gusanos.
Ellos nos miran , siempre lo hacen, atisban desde un espacio ingrávido e imponderable
su cielo de siluetas y contornos tallados, en amarillo y negro,
colores de tercera dimensión.
¡Los topos!,
animales oscilantes en el péndulo de la alta atalaya.
¡Los topos!,
aluden siempre a la esencia, jamás a banales metáforas,
ni a las circunstancias
Los topos nos miran, siempre lo hacen.
Las siluetas edilicias y los matorrales.