Jcmch
Poeta veterano en el portal.
Ahora ya saluda a las esfinges coralinas, en el barco, cuando tendido estabas sobre el
musgo polar, arriba de los huéspedes extranjeros. Ahora bailando bajo el arcoiris de
mangos. Nuevo refugio. ¡Ah Sol Caliente! Despertador de Magia. Manto de bailarines
de Ukuz. Tienes fiereza en esos dedos. Caes en este tamiz de olas y espuma salada,
hacia los jardines estrellados. Vienes con cadencia y fiebre. Vienes con curación. A
esos cuerpos pequeños que se mojan, picados de alabanzas, vienes a tostar y abrasar;
dale sabrosas espaldas a esos niños, para que carguen las manadas de brisa y arena de
futuro. Vienes con tu torso apretado a rozar nuestros sudores. ¡Oh viejo planetario!
¿Qué haces para calentar estos cabellos rubios, muy enterrados en la nieve? Estas barbas
rojas, como ánforas de arcilla, que ofrendas son a los Dioses Cultores. Suelta a tus
abejas rosadas entre los racimos de plátano. ¡Oh Soberano del Cielo! Mas fuerte que
todos los aparejos de la selva ¿Qué haces que no bañas a nuestras tierras grises, y
desposas a éstas, llenas de color? ¿Por qué no diste tucanes y papagayos a nuestros
cielos? Bella y celeste vagina de parchita. Olorosas axilas de medida de papaya. Sal
azulosa y petrificada de las cuevas. ¡Haz ascender a las alturas este virulento almíbar de
deseo! ¡Desciende, inmolada rosa! Medalla de cangrejos vivos. ¿Dónde está el cordero
que lanzamos? Todavía tenemos el cortejo de lenguados, ocultos en un baile sumergido
entre las islas. Tenemos navegantes que cortan la mar. La quilla de esta nave
perpetuamente será vuestra, Oh Gran Evocador de Pasiones. Marcado el apetito, alto
testimonio de manjares de costa, preparados con mestizo aderezo y mestizos calderos.
Si señor, manchado hemos nuestra blanquísima piel. Herido hemos nuestros dorados
miembros, con el ponzoñoso aguijón de la avispa alfarera. ¡Amantes del Sol, del
Imperio Real! Bichos escoltados por la brisa sofocante, cargada de polvo verde.
musgo polar, arriba de los huéspedes extranjeros. Ahora bailando bajo el arcoiris de
mangos. Nuevo refugio. ¡Ah Sol Caliente! Despertador de Magia. Manto de bailarines
de Ukuz. Tienes fiereza en esos dedos. Caes en este tamiz de olas y espuma salada,
hacia los jardines estrellados. Vienes con cadencia y fiebre. Vienes con curación. A
esos cuerpos pequeños que se mojan, picados de alabanzas, vienes a tostar y abrasar;
dale sabrosas espaldas a esos niños, para que carguen las manadas de brisa y arena de
futuro. Vienes con tu torso apretado a rozar nuestros sudores. ¡Oh viejo planetario!
¿Qué haces para calentar estos cabellos rubios, muy enterrados en la nieve? Estas barbas
rojas, como ánforas de arcilla, que ofrendas son a los Dioses Cultores. Suelta a tus
abejas rosadas entre los racimos de plátano. ¡Oh Soberano del Cielo! Mas fuerte que
todos los aparejos de la selva ¿Qué haces que no bañas a nuestras tierras grises, y
desposas a éstas, llenas de color? ¿Por qué no diste tucanes y papagayos a nuestros
cielos? Bella y celeste vagina de parchita. Olorosas axilas de medida de papaya. Sal
azulosa y petrificada de las cuevas. ¡Haz ascender a las alturas este virulento almíbar de
deseo! ¡Desciende, inmolada rosa! Medalla de cangrejos vivos. ¿Dónde está el cordero
que lanzamos? Todavía tenemos el cortejo de lenguados, ocultos en un baile sumergido
entre las islas. Tenemos navegantes que cortan la mar. La quilla de esta nave
perpetuamente será vuestra, Oh Gran Evocador de Pasiones. Marcado el apetito, alto
testimonio de manjares de costa, preparados con mestizo aderezo y mestizos calderos.
Si señor, manchado hemos nuestra blanquísima piel. Herido hemos nuestros dorados
miembros, con el ponzoñoso aguijón de la avispa alfarera. ¡Amantes del Sol, del
Imperio Real! Bichos escoltados por la brisa sofocante, cargada de polvo verde.