prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Aquí está el centro del bosque,
en esos charcos de orines de bestia,
en el aumento del lodo amasado por insonoras entidades
que prestan la carne de los jabalíes para devorarse entre sí
y sobre esa piel de cobra que sabe de salsa
tus pezones imborrables, dibujados con maestría
enfrentan la terminación de las horas.
Los negros búhos de la tolerancia escrutan
al cadáver de un nuevo día sin ti.
Y se me hace extraño el trigo, los azares,
solo puedo mirar como a los olmos le crecen nudos
para oler a lo lejos tu ropa.
Ellos acercan las hojas a esa herida que ahora es la mitad de un pájaro
que bate sus alas en el hígado.
Escucha, aquí está el centro del bosque
y toda la ternura de tu cabello derramada sobre las rocas frías,
están los violadores del rocío entre mis pestañas.
Aquí está el centro del bosque,
en esos charcos de orines de bestia,
en el aumento del lodo amasado por insonoras entidades
que prestan la carne de los jabalíes para devorarse entre sí
y sobre esa piel de cobra que sabe de salsa
tus pezones imborrables, dibujados con maestría
enfrentan la terminación de las horas.
Los negros búhos de la tolerancia escrutan
al cadáver de un nuevo día sin ti.
Y se me hace extraño el trigo, los azares,
solo puedo mirar como a los olmos le crecen nudos
para oler a lo lejos tu ropa.
Ellos acercan las hojas a esa herida que ahora es la mitad de un pájaro
que bate sus alas en el hígado.
Escucha, aquí está el centro del bosque
y toda la ternura de tu cabello derramada sobre las rocas frías,
están los violadores del rocío entre mis pestañas.
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